03/06/2017

Artículo de: Juan Domingo Guerrero

Terrorismo Islamista

Durante el pasado carnaval de Águilas cualquier persona pudo ver que, en las cercanías de las entradas al recorrido de los desfiles, se habían colocado grandes barreras de hormigón junto con coches cruzados. Algunos ciudadanos ni comprendían el por qué de dichos obstáculos en la calzada, sin embargo, muchas personas tenían aún presente en la retina los atentados ocurridos en Niza y Berlín, en los cuales utilizaron camiones para arrasar con la multitud que se encontraba presente en sus calles. Después de esos dos atentados se han producido otros dos más, en Londres y Estocolmo, utilizando el mismo método, e incluso llevándolo a cabo con otro tipo de vehículos como el caso de Londres, en el que se utilizó un todo terreno. El resultado final de estos cuatro ataques terroristas ha sido de 205 muertos y 405 heridos.

Por desgracia España tiene una gran experiencia en el terrorismo, y los 829 muertos de ETA en 42 años por tiros en la nuca o bombas lapa, y los 198 fallecidos en el atentado del 11M por parte de Al Qaeda, han hecho de los españoles una sociedad más madura en esta materia, pero sobre todo han fortalecido los medios y preparación de las fuerzas y cuerpos de seguridad para la prevención de atentados, lo que ha llevado a que en casi 14 años no se haya cometido ningún atentado en España, no siendo casualidad que España sea de los países europeos que encabezan el número de detenidos islamistas.

Pero toda esa prevención, todos los medios asignados a Guardia Civil y Policía Nacional, aun siendo muy importante, no es absoluta, y debemos tener claro que las nuevas formas en las que se presenta el terrorismo islamista hacen complicada una prevención absoluta. Y es que visto lo visto, el terrorismo islamista no tiene un objetivo determinado, un arma preferente, ni una lógica concreta. Lo único en común que tienen sus atentados es que su finalidad es crear miedo y publicidad, y ambas finalidades se consiguen con lo mismo, con víctimas, dando igual si son niños, ancianos, civiles o militares, cualquier persona vale si se trata de un occidental. Por eso mismo es complicado prevenir un acto terrorista, porque hay que conseguir víctimas, dando igual el método y la forma, siendo la forma de conseguir los actos terroristas lo que diferencia un atentado de grupos islamistas en occidente a los de otros grupos. Cualquier persona puede ser un terrorista potencial, necesitando sólo un cuchillo, un coche, una camioneta, utensilios y vehículos normales, que usados para dañar y en grandes aglomeraciones de personas, pueden lograr fácilmente el objetivo deseado, publicidad y miedo.

A la facilidad para usar cualquier objeto como arma para causar víctimas, le debemos de unir el fanatismo de los individuos que los llevan a cabo, llegando hasta tal punto su radicalización que no se detienen en su objetivo hasta que no se consigue su muerte, por lo que puede decirse que en cierta forma son atentados suicidas, en los que ellos mismos no se causan la muerte, pero si la provocan, ya que no pararán de matar mientras no mueren, a diferencia de los miembros de ETA que en raras ocasiones  entraban en conflicto armado con las fuerzas de seguridad.

Además hay que añadir el caldo de cultivo que es Internet para captar nuevos terroristas, por lo que la llamada a nuevos yihaidistas es fácil, pudiendo llegar a cualquier rincón del mundo, a cualquier hogar, sin necesidad de moverse del sillón de su casa, y crear un nuevo radical capaz de cualquier cosa, por ello, una de las principales fuentes para la prevención es el control de las redes sociales y la web. Una vez que ese principiante a radical se ha acercado al mundo islamista, contactará con algún tipo de agente de radicalización que terminará por moldear al radical y prepararlo para entrar a formar parte de algún tipo de célula terrorista, o bien se volverá lo que se ha denominado “lobo solitario”, que no dejan de ser aquellos que de forma aislada se auto radicalizan y enaltecen y propagan las ideas terroristas a través de la red, llegando algunos a atentar de forma individual, siendo estos últimos los realmente complicados de prevenir y controlar en una sociedad como la nuestra, habiendo realizado llamamientos por parte de dirigentes del estado islámico para llevar a cabo atentados a este tipo de individuos, si bien son los menos habituales a día de hoy. El peligro real de este tipo de terrorismo es ese, que cualquier persona, influenciada por las redes, por la mala interpretación del Corán, por un sentimiento radicalizado y extremista del Islam, comience su Yihad propia contra los “infieles” de occidente, provocando un ataque indiscriminado, sin orden ni lógica, en cualquier lugar, momento y contra cualquier objetivo.

Como he dicho antes, llevamos casi 14 años sin atentados en nuestro territorio, y esperemos que la estadística se mantenga muchos más años, pero para ello debemos de seguir apoyando una buena estructura policial y de los servicios de inteligencia, en el que la información fluya entre los distintos cuerpos europeos, porque la globalización tiende a que cada vez sean más habituales este tipo de actos en territorio occidental,  cada vez más difícil su vigilancia, y cada vez más complicado obtener una prevención cien por cien eficaz. Al Qaeda y Estado Islámico o Daesh, ambos grupos, tienen Europa en el punto de mira, y no parece que el conflicto tenga visos de solución en el futuro próximo, así que debemos de estar preparados para lo que pueda venir, y, si observamos cualquier tipo de radicalización, no debemos de dudar en comunicarlo a cualquiera de las fuerzas de seguridad, porque cerca de nosotros, cualquier persona que ande un poco perdida, puede caer en las garras del extremismo y su versión más radical, el terrorismo.