04/06/2017

Artículo de: Lara Daz

Del mindfulness al hygge pasando por el lagom

En una sociedad como la nuestra, es imprescindible poder encontrar un ratito al día para desconectar del trabajo, de las prisas y de los quehaceres diarios para simplemente centrarnos en nosotros. Es primordial apagar el piloto automático que llevamos todo el día conectado y ser conscientes del momento presente.

Desde la antigüedad, ya la meditación nos ha enseñado a mantener esa presencia en cada acción que realizamos y enfatiza en una actitud de observación. Más recientemente, ha aparecido el mindfulness en nuestras vidas como una manera de acercar la meditación al estilo de vida occidental pero manteniendo las mismas premisas de la consciencia elevada en cada acción que llevemos a cabo en nuestra rutina diaria.

Ahora, un estudio realizado por la ONU, declara que Dinamarca es el país más feliz del mundo y achacan este resultado al “hygge”. Definir este término no es fácil pero sería algo así como encontrar, a ser posible todos los días, una situación en la que te encuentres tranquilo, relajado y con una agradable sensación de libertad. Es decir, disfrutar de pequeñas cosas, en compañía o en solitario, en las que te encuentres libre de cualquier carga y obligación. A estos momentos de bienestar se les suele acompañar con música agradable, una iluminación tenue y se evita todo lo que sea susceptible de quebrar ese estado de relax que se ha creado.

A la altura de Dinamarca se ha colocado Suecia con su término “lagom”, que se está convirtiendo en un duro competidor del “hygge”, en esta búsqueda infinita de la felicidad y de la autorrealización personal. Desde Suecia nos invitan a reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo y nuestra relación con el medio ambiente; luchan por una conciliación de la vida laboral y familiar; nos animan a cuidar de nuestro organismo con una alimentación más sana y consciente y, lo que considero más importante para alcanzar esa felicidad, practican el “contentamiento”, conformándose con lo que ya tienen, porque ya es suficiente para poder ser feliz.

En definitiva, el papel con el que envuelvas el caramelo no va a cambiar el sabor de éste. Puedes escoger el envoltorio que más llame tu atención pero lo que está claro es que todos buscamos una realización personal. Necesitamos sentirnos bien con nosotros y, por ende, con los que nos rodean. Te hagas budista o “hygge” lo que está claro es que el primer paso es apagar el piloto automático y tomar consciencia de tu presencia y de todo lo que te rodea. A partir de ahí, sácale cuanto más jugo, mejor.