11/07/2016

Artículo de: Lara Daz

Comienza a practicar yoga

Después de adentrarnos en el último artículo en la fiolosofía yóguica, ahora vamos a prepararnos para nuestra primera práctica.

Mucha gente rechaza practicar yoga porque no son flexibles o son demasiado nerviosos y no se ven capacitados para “enfrentarse” a una clase. Esto sería como decir que una camisa está demasiado sucia como para lavarla.

Si tu cuerpo está agarrotado y tu mente no te deja descansar, entonces lo que necesitas es detenerte, respirar, ser consciente de tu cuerpo y adentrarte en él. Y para conseguirlo, el yoga va a ser tu mejor aliado.

Cuando una persona decide comenzar a practicar lo primero que se plantea es qué necesita. Y hay que saber que el éxito de la práctica no va a residir ni en la ropa ni el tipo de esterilla que utilices. Hay profesores que exigen a sus alumnos acudir de blanco a las clases. Esto lo respeto pero no lo comparto. Necesitamos que la gente se acerque al yoga, para que puedan disfrutar de los múltiples beneficios de su estudio, y cuantos menos handicap pongamos por el camino mejor.

Una vez que estés encima de tu esterilla lo que debes de hacer es dejar a un lado tu vida laboral y personal. Ahora, nada de eso importa. Es momento de estar a solas contigo, de sentirte y de escucharte. Hay que potenciar la consciencia del momento presente que es el único que existe y, por tanto, el único que debe de ser atendido. La mente va a ser tu peor enemiga. Se va a ir mil veces durante la clase pero tienes que volver a traerla al presente otras tantas veces y, con el tiempo, verás cómo cada vez es más fácil mantener esa conexión mente y cuerpo que busca la práctica de esta disciplina.

Igual de importante es desconectar tu teléfono móvil para que no suene durante la clase y no hablar con el compañero de esterilla ya que, además de distraeros vosotros, no dejaríais que el resto de practicantes desarrollen la clase de forma adecuada.

En las primeras sesiones todo te sonará a chino, incluido el nombre de las posturas (ásanas), pero no desistas. Toda nueva actividad que inicies requiere un tiempo para adaptarte a ella y esta estimación está en unas cuatro semanas, también dependerá de la regularidad con la que practiques.

Todas las posturas están pensadas para aumentar tu flexibilidad, elasticidad, fuerza y equilibrio. Así que, en poco tiempo, practicando de forma regular, conseguirás adentrarte en esas posturas sin esfuerzo. Igual de importante es no juzgarte ni compararte con nadie. Si a tu lado hay una persona que hace el pino con una mano y tú no eres capaz de llegar a los pies tienes que aceptar tu estado físico y saber que te acabas de embarcar en una nueva disciplina que te va a llevar a conseguir resultados muy satisfactorios. Cada persona es un mundo y no sabes cuánto tiempo llevan practicando tus compañeros. Por tanto, hay que dejar el ego fuera de la sala y realizar la clase sin exigencias. Los resultados vienen solos.

Una clase estándar de yoga dura alrededor de una hora y media y, por lo general, a los practicantes se les pasa volando. La práctica suele terminar con una pequeña relajación o meditación de 10 ó 15 minutos para permitir que el cuerpo asimile y se beneficie de todas las ásanas que hemos realizado. Está relajación es otro de los puntos críticos para los alumnos ya que, aunque parece muy sencillo tumbarse boca arriba sobre la esterilla, quizá sea la postura más complicada. No se trata de descansar sobre el suelo, aquí la actitud mental lo es todo y, al estar el cuerpo en absoluta quietud, el practicante es más consciente de que la mente tiene vida propia y es muy difícil mantenerla en el aquí y en el ahora.

Pero cuando llega el momento en el que se consigue, aunque sea por cinco segundos, el sentir esa paz interior que hay dentro de nosotros te darás cuenta de que ha merecido la pena.