26/11/2017

Artículo de: Lara Daz

Identificando al ego

Cada día comienzo las clases de yoga animando a mis alumnos, y a mí misma, a que traigan la atención al momento presente. Esto es fundamental para sacarle el mayor jugo posible a nuestra práctica. De nada serviría que nuestro cuerpo esté presente, no le queda más remedio, y nuestra mente esté deambulando del pasado al futuro sin rumbo ni sentido. Es cierto que esta tarea es la más complicada a pesar de que la mayoría de la gente piensa que el mayor handicap es su poca flexibilidad.

Como ya he explicado en otros artículos, yoga significa unión del cuerpo, con la mente y la respiración. Cuando establecemos ese vínculo nos encontramos preparados para desconectar del mundo externo, cargado de exigencias, demandas y prisas, y conectar con nuestro mundo interior al que solo nosotros tenemos acceso. Para ir hacia adentro en imprescindible detenerse, escuchar el silencio y disfrutar de la quietud y del vacío. Lo más probable que ocurra es que en ese momento creamos que la mente nos está boicoteando con un sinfín de pensamientos. Esos pensamientos son los mismos con los que convivimos día a día y minuto a minuto solo que desde la quietud es cuando tomamos conciencia de todo ese ruido mental. Y ese ruido mental es el causante, en la mayoría de los casos, de nuestras frustraciones, de nuestros miedos e inseguridades y de nuestro malestar general. Aquí es donde hace su aparición el ego. El ego es un estado alterado de la conciencia que nos empuja a separarnos de todo lo que nos rodea y nos anima a ponernos adjetivos y calificativos. Somos muy dados a definirnos a nosotros, y a los demás, como personas simpáticas, extrovertidas, altas, bajas, con buen o mal humor y así hasta el infinito. Lo que pasa es que al identificarnos con esas palabras empezamos a creernos que en realidad somos así y nuestra mente comenzará a embaucarte en un diálogo interno, la mayoría de las veces muy alejado de la auténtica realidad. En ese diálogo, casi todas las ideas que aparecerán serán limitantes e intentarán que te mantengas en tu mundo de confort, ese mundo que ya conoces y tienes controlado aunque no te aporte la felicidad que necesitas. Y si das un salto adelante, el ego aparecerá para recordarte episodios del pasado y te intentará convencer de que lo anterior no era tan malo como creías, que deberías de volver atrás. Pero esa vuelta al pasado no es porque fuese mejor. Simplemente es porque el ego tiene miedo, él quiere controlarlo todo y aquel pasado lo dominaba. El nuevo presente le asusta, aún no tiene el control sobre él así que va a utilizar todas sus artimañas para que regreses a tu zona de confort, por mucho que no te sintieras realizado en ella.

Por esto es tan importante detenerse unos instantes y no ser esclavos de la mente. Es importante entender que el ego no es más que un estado de la conciencia que nos hace sentirnos separados y diferentes a los demás. Todas las personas que nos rodean también se ven a sí mismas como entidades separadas por lo que nos estamos alimentando también de su conciencia egoica.

Es necesario despertar de este sueño ilusorio que nos muestra nuestra mente y nuestro ego para liberarnos del sufrimiento.