03/03/2018

Artículo de: Lara Daz

Desmontando el pasado

En el anterior artículo os hablé del ego. Esa voz interior que no para de charlatanear y que no es más que un estado alterado de la conciencia que nos empuja a separarnos de todo lo que nos rodea y nos anima a ponernos adjetivos y calificativos. Además, le encanta ofenderse y frustrarse hundiéndote una y otra vez en pozos oscuros que te hacen sentir incapaz de realizar cualquier tarea por simple que parezca. También te puede empujar a una piscina sin agua pegándote un buen tortazo. Todo ese sentido del yo no es más que una idea que te has creado en tu mente. Si te sientas durante solo diez segundos dejando que la mente se aquiete lo que sucede es que tú dejas de existir como individuo separado del resto y te darás cuenta de que el pasado desaparece. El pasado, aunque haya tenido lugar hace un minuto, ya no existe en el presente y nunca volverá. El pasado solo regresa cuando lo traemos a este momento en forma de pensamiento o imagen. Pero eso no es el pasado. Simplemente es una recreación de lo que sucedió, no es el pasado real aunque, incluso, lleguemos a creer que sigue existiendo.

Hay muchos estudios que demuestran que cuando recordamos el pasado nuestras mentes lo distorsionan casi desde el minuto uno. Nos podríamos sorprender de lo poco exactos que llegan a ser nuestros recuerdos aunque juremos que nos acordamos como si hubiese sucedido ayer.

Para saltar el bache del sufrimiento tenemos que saber que la idea de nuestro yo está formada por pensamientos y recuerdos que traemos al presente y luego proyectamos en el futuro. Esos pensamientos y recuerdos están alimentados por experiencias pasadas y por la interpretación, casi siempre errónea, que hemos hecho de esas vivencias.

Te animo a que cuestiones que tú realmente no eres quien te crees que eres y que no tienes mucho que ver con la idea que tu mente tiene de ti. Al comenzar a cuestionar tus pensamientos y la imagen que tu mente tiene de ti, rápidamente tomarás distancia con ella y se creará un vacío, un agradable silencio que te ahorrará mucho sufrimiento. Los pensamientos se generan por sí solos. No creas demasiado en ellos.