07/03/2018

Artículo de: Antonio M. Beltrn

Huelga de mujeres: dos actitudes masculinas a evitar

Debo confesar que en un primer momento la convocatoria de huelga de mujeres del día 8 de marzo me molestó desde dos puntos de vista.

En primer lugar, como persona que se ha pasado buena parte de su vida en la calle, defendiendo sus derechos como ciudadano y trabajador, me pareció una artimaña pequeñoburguesa. He militado en organizaciones de izquierdas, en sindicatos, en ONGs, he secundado huelgas, he estado en piquetes, he asistido a manifestaciones... defendiendo siempre los derechos comunes de hombres y mujeres como trabajadores o como ciudadanos. No había segregación por sexos en las huelgas generales contra Felipe, en el No a la Guerra contra Aznar, o en el ERE de Ramón Luis Valcárcel que acabó con 7 Región de Murcia. Y ahora... ahora me encuentro con una huelga que sólo quiere defender a las mujeres, pensé en un primer momento. Genial, poner a la trabajadora en colisión con el trabajador, a mayor gloria de los tiburones y las tiburonas. Porque aún recuerdo a aquella hija de Fabra que aplaudió con un «Que se jodan» el recorte de prestaciones por desempleo que me perjudicó directamente tras el ERE.

En segundo lugar, la huelga de mujeres contra el heteropatriarcado me molestó, porque yo soy parte del colectivo al que se hace responsable de la opresión contra la mujer. Soy hombre, soy blanco, soy hetero y soy cis. Y eso me convierte al instante en parte del colectivo opresor, o al menos eso es lo que transmiten una parte de las organizadoras de la huelga. Y, la verdad: eso me hacía sentir como un alemán en presencia de una manifestación de judíos contra los alemanes. Yo soy hombre pero no he explotado a ninguna mujer. No he acosado a ninguna, no trato de manera diferente a mi hijo que a mi hija, le he plantado cara a mis jefas en la misma medida que a mis jefes. He vivido casi siempre solo y he hecho todas las tareas del hogar. Cuando quise arriesgar mi dinero y abrir una empresa me asocié con una mujer que además tenía una niña pequeña, no vacilé, y jamás me he arrepentido de esa decisión. Cuando mi mujer me dijo que se quería separar y que yo me quedaría a cargo de nuestros hijos lo acepté con una inmensa sonrisa de felicidad. En resumen: puede que haya nacido en Berlín pero no he metido a nadie en una cámara de gas.

Sin embargo, después de un período de reflexión acabe asumiendo que estos argumentos debían ser matizados.

La huelga de mujeres es una huelga no sectorial sino transversal; y de ahí que muchos hombres no sepamos bien a qué atenernos, y que muchas mujeres no sepan si recibirnos como aliados o como descafeinadores. Yo creo que seríamos descafeinadores, y lo voy a tratar de razonar:

La huelga típica es la sectorial. Los taxistas de Murcia, en huelga por la competencia desleal. Las trabajadoras de Zara, en huelga para mejorar sus condiciones de trabajo. Ellos y ellas, sin segregación de sexos. Esta huelga tiene un adversario concreto: el concejal de Transportes de Murcia en un caso y Amancio Ortega en el otro. Cualquier apoyo es bienvenido porque es una muestra de solidaridad eficaz. Los conductores de autobús, los taxistas de otros pueblos, los maestros... las dependientas de Cortefiel, las modistas de toda España... todos y todas hacen una piña y refuerzan a este colectivo. Porque se parte de la idea de que todos somos clase obrera: hoy por ti, mañana por mí. Todos los currantes nos sumamos hoy a la queja del taxi, porque mañana los del taxi se sumarán a la nuestra. A un lado, los currantes (hoy del taxi, mañana del calzado) y al otro, siempre, la patronal. O el gobernante. Es una consecuencia de la lucha de clases, que la sigue habiendo a pesar de que vivamos como avestruces.

A diferencia de estas huelgas típicas, la de mujeres no es una lucha de clase sino de condición. La condición femenina. Con datos en la mano, muchas mujeres y muchos hombres han llegado a la conclusión de que, por ser mujer, lo tienes peor. No ya en el taxi, o en Zara, o en el calzado, sino en todas partes. Cobras menos. Te encasquetan a los hijos. Te violan. Se burlan de ti. Trabajes en lo que trabajes; desde que naces hasta que te mueres. Por ser mujer.

Si la huelga feminista se dirigiera a «los hombres», tomar posición estaría claro. En una huelga cuya reivindicación fuera, por ejemplo, que los hombres perdiésemos para siempre el derecho al voto habida cuenta de lo que hemos hecho en los miles de años anteriores, cualquier hombre se sentiría atacado con razón. Si eres hombre, esa huelga te va a perjudicar. Debes defenderte. Dos bandos irreconciliables, dos trincheras.

Pero la huelga feminista no va contra los hombres: va contra una sociedad en la que un hombre, de antemano, lo tiene más fácil que una mujer. Una sociedad compuesta por hombres y mujeres en la que, sobre todo y con todas las excepciones que se quiera, ellas lo tienen más difícil.

Es una huelga transversal, que pretende dejar constancia de la importancia que tiene el sector femenino de la ciudadanía a todos los niveles, desde la escuela al comercio pasando por las fábricas, los servicios de emergencia, el consumo, la educación y el matrimonio. No es una huelga contra Antonio, es una huelga porque María está cansada de que no se la valore.

Este análisis habla, como dije al principio, de dos actitudes masculinas que creo que se deberían evitar. El primero es el complejo de ser hombre. Si eres alemán y no has metido a ningún judío en la cámara de gas, por acción o por omisión, no debes sentirte avergonzado de nada. Tus compatriotas son tus compatriotas; tú eres tú. Yo, hombre, desciendo de las mujeres puteadas y maltratadas en la misma medida que mi hipotética hermana. El que yo haya nacido con pene y ella con vagina no me convierte a mí en opresor... pero el que ella tenga vagina se lo va a poner más difícil a todos los niveles. Números cantan.

Aunque se haya convertido en un tópico que algunas feministas esgrimen como burla, hay que reivindicar el Not all men. No todos los hombres somos opresores; no existe un Pecado Original. Reto a cualquier mujer sobre la faz de la Tierra a que me diga que yo, Antonio Marcelo, la he tratado peor por ser mujer. Y si alguien sigue rebatiendo que sí, que por ser hombre tienes genes de opresor... a palabras necias, oídos sordos. Todos los alemanes son nazis, todos los musulmanes llevan bombas, todos los negros bailan muy bien el jazz. Por suerte, salvo excesos como en todas partes, los tiros feministas no van por ahí.

El segundo complejo que hay que superar es el de exclusión. Como ya he dicho, en una huelga sectorial todo apoyo es bienvenido; todo suma. Pero se trata de una huelga transversal, donde un sector de la sociedad quiere hacerse visible por el método, nada paradójico, de ver cómo sería una sociedad sin ellas. Por poner un ejemplo frívolo, si yo quiero ver cuál es mi récord comiendo hamburguesas y tú te pones a ayudarme... nadie podrá ver cuál es mi capacidad real. Mi hazaña no tendrá mérito ni significarái nada porque no será sólo mía.

Las mujeres quieren demostrar su fuerza como colectivo. A ellas mismas, y al conjunto de la sociedad. Quieren expresar que, por encima de cualquier circunstancia social, cultural, económica, personal... lo tienen más difícil. Y lo quieren demostrar enseñando que, sin mujeres currando, nuestra sociedad se verá perjudicada. Sin hombres también, por supuesto, y también sin pelirrojos y sin zurdos. Pero los hombres, como colectivo, no tenemos ese problema. A mí me pueden putear por no tener un duro, por no haber estudiado, por venir de otro país... pero no por tener pene. A ellas las pueden putear por los mismos motivos que a mí, y por un factor más: por ser mujeres. La huelga quiere poner de manifiesto que ese factor les perjudica, y quiere poner de manifiesto que los que tenemos pene no seríamos nada, como sociedad, sin las que tienen vagina. Para que los hombres y mujeres que mandan de verdad, y no nosotros, asuman que ya está bien de tomarles el pelo.

Por tanto, queridos hermanos, Hijos de Adán... demos todo nuestro apoyo a esta huelga transversal, sin ningún tipo de complejo por haber nacido hombres... siendo conscientes de que nuestras compañeras lo pasan aún peor que nosotros... y sin ningún recelo por no haber sido invitados. Ya nos encontraremos, currantes y currantas, en la próxima movilización.

 

 

 

 

Antonio Marcelo Beltrán

@antoniombeltran