19/05/2018

Artículo de: Lara Daz

Enganchados al sufrimiento

A cualquier persona que le preguntemos qué es lo que desea en esta vida, seguramente, su respuesta será que su mayor anhelo es ser feliz. Eso es lo que intentamos lograr la mayoría de los humanos en nuestro día a día. El fallo es que buscamos esa felicidad fuera de nosotros. Pensamos que cuando tengamos un buen trabajo seremos felices. Cuando lo logramos hay algo que nos dice que no es suficiente y, entonces, nos planteamos que seriamos felices con una pareja que nos quiera y complemente. Al paso del tiempo la pareja tampoco te llena hasta el extremo de sentirte realmente realizado y buscas otro objetivo que podría llenar ese vacío que sientes en tu interior. Y así pasan los días, los meses, los años y la vida. Buscando sin llegar a conseguir esa auténtica felicidad de la que hablamos. Y esa felicidad no llega porque en el otro lado está el sufrimiento. Se podría decir que nos hemos convertido en adictos al sufrimiento. Nos identificamos con el sufrimiento y con todas las experiencias pasadas que nos hicieron pasarlo mal. Nos quedamos colgados del pasado porque si lo dejamos marchar, si soltamos ese pasado, nos quedamos desnudos en un presente en el que no sabríamos quienes somos. Creemos que somos todo lo vivido, que somos personas separadas de todo lo demás y necesitamos tomar el control de nosotros y de las circunstancias que nos rodean para mantenernos a salvo y con nuestra identidad intacta. Los pensamientos son los que te empujan a tener ese control: algo malo va a pasar, si no actuó de esta manera habrá consecuencias… un pensamiento no puede tener el control de cómo se plantea la auténtica realidad. Ni siquiera tú puedes tener el control de tu propia mente. No puedes detener el torrente de pensamientos. Por lo tanto, un pensamiento no puede controlar la realidad. Si controlases tus pensamientos y la realidad elegirías vivir una vida plena, desbordante de paz y felicidad. ¿Puedes conseguirlo? Si es no, tu ego no tiene el control sobre nada de lo que te rodea. Solo lo tiene sobre ti. Y ese es el principio del sufrimiento. Sería interesante que descubrieras que tú no eres el ego. Eres quien observa al ego, a los pensamientos y al deseo de tenerlo todo bajo control.

Como he comentado unas líneas más arriba, deseamos un sin fin de oportunidades y de circunstancias para arañar esa ansiada felicidad sin darnos cuenta de que esas exigencias, que tenemos con nosotros y con las personas que nos rodean, solo nos conducen a la frustración, a querer cambiar la vida para que sea diferente de lo que es y, de nuevo, al sufrimiento.

Ponemos continuamente en tela de juicio nuestro pasado y nuestro presente. Desearíamos cambiar hechos del pasado y, quizá, así el presente sería otro. Discutimos con lo que fue y con lo que es y esto solo nos lleva a un bucle en el que las opciones de percibir la auténtica realidad se ven muy limitadas. Aceptando el pasado tal y cual fue y abrazando el presente desde el corazón, sin sufrimiento y sin enganches, las posibilidades que se abren ante ti son mucho más creativas y puras. Y este es el punto de partida para el despertar de tu consciencia y el encuentro con la auténtica felicidad.