18/09/2016

Artículo de: Luis Daz Martnez

COMENTARIO SOBRE EL ARTCULO DE JAVIER MORN EL VIAJE DE UN DIOS MAYOR

Ya el calificativo que le da el Sr. Morán a su artículo de DIOS MAYOR es u tanto erróneo y confuso. Vamos por partes: Javier Morán se refiere en su escrito a John Wesley como el iniciador de la confesión Pentecostal. En realidad este sacerdote anglicano del siglo XVIII, salió a los barrios  bajos de Londres para predicar a las gentes apartadas de su iglesia que se hallaba adocenada por su condición de “Iglesia oficial” y convertirlas en la fe de Cristo. Es cierto que este “avivamiento” inglés desembocó en la denominación Metodista, mientras que la versión americana fue origen del movimiento pentecostal.

Por su forma de vivir el Cristianismo, la Unión Pentecostal  se deriva en múltiples asambleas separadas sin ninguna  relación fraternal. De tal manera que aquí en mi ciudad natal, tenemos el ejemplo de tres iglesias pentecostales con el título de “Iglesia de los Hechos de los apóstoles” que se separó de la primera con el título de “Levántate y resplandece“ y una tercera denominada “Iglesia de Filadelfia” de signo gitano, conocida vulgarmente como los “aleluias”.

El culto pentecostal se caracteriza por sus cantos acompasados de movimientos corporales, aplausos y brazos en alto invocando con frenesí al Espíritu Santo en medio de una algarabía que dura varias horas. En el paroxismo de la asamblea, algunos de sus participantes caen al suelo mientras que entre gemidos y sonidos guturales, que ellos denominan “don de lenguas”, finaliza el oficio religioso. Otra cosa es el exorcismo desarrollado en estos cultos que a veces resulta estremecedor.

Es verdad que en estas comunidades no hay jerarquía eclesial, pero el pastor, en resumidas cuentas, resulta dueño y señor de la vida de sus fieles. Por ejemplo: antes de que un miembro joven de su iglesia  contraiga matrimonio, debe de consultar con su dirigente la conveniencia o no de celebrar el enlace con esa persona determinada. La decisión del pastor es decisiva en esos casos. Los pentecostales, además de las colectas ordinarias, practican el diezmo, cosa común en otras iglesias evangélicas. Entonces ante este control riguroso del pastoreo de sus dirigentes, y el excesivo gasto que supone para los bolsillos de los miembros de las comunidades pentecostales, podemos preguntarnos: ¿Cuál es el motivo evidente del aumento de la forma de vivir la fe cristiana de estas denominaciones en el mundo actual?. Podemos decir o pensar que el atractivo de este aumento de fieles al culto pentecostal radica en dar rienda suelta a los impulsos primarios que se manifiestan en esos gritos y lágrimas movidos según ellos, por la acción del Espíritu Santo. De hecho el prolongado culto finaliza con el contento y felicidad de los participantes.  

Es un dislate del Sr. Morán al afirmar que el fiel creyente católico tiene que pasar su experiencia de Dios por la jerarquía eclesial. Lejos de la verdad; así como el autor da palos de ciego al señalar que los seguidores de las comunidades pentecostales dan preferencia al Espíritu Santo, mientras que los de la fe católica se fijan más en el Padre y en el Hijo. Craso error tal afirmación. El tejido teológico de la Iglesia de Roma se fundamenta en el Espíritu Santo, como Dios y Señor de Vida, que procede del Padre y del Hijo, siendo el alma y la vida de la misma Iglesia.