26/10/2016

Artículo de: Alfonso Soler

NO es S

Por fin, casi un año después, el PSOE ha aceptado la invitación y se va a unir a la colla de cuñaos que manejan el cotarro nacional y que van a lograr con sus votos o con sus editoriales investir a Mariano Rajoy presidente del gobierno.

Durante el periplo de estos diez meses, se avisaba del desastre que supondría para la unidad nacional un gobierno con Podemos, les reprochaban no dejar gobernar a la lista más votada, de crear incertidumbre e inestabilidad por alargar el periodo de provisionalidad que vivía el país, y de prolongar sin motivo un gobierno de interinidad. Al PSOE se le ha exigido “responsabilidad de Estado”, que traducido en el lenguaje eufemístico de hoy es “fortalecer el bipartidismo”.  Estos han sido algunos de los proyectiles con los que gran parte de la clase política y de la prensa en este periodo de entreguerras han acribillado a los españoles, creando en la conciencia colectiva que lo mejor es lo menos malo y que lo peor estaba a un tris. En este incesante zumbido de metralla, el PSOE ha sido siempre la diana, el recurrido muñeco del pim pam pum, atizado hasta la crueldad para que se sometiera a los intereses generales del sistema y para que dejara la idea de un hipotético gobierno de izquierdas con Podemos. Tenían que ceder, no había alternativa. La estabilidad (?) de España dependía de la decisión del PSOE. Y han cedido, con una guerra civil entremedias.

Ahora todo es una fiesta en España, si no fuera porque una fiesta sin sorpresa es cualquier cosa menos una fiesta. Son como esas cenas donde el cumpleañero se hace el bobo y encaja con asombro que todo estaba preparado, para que la noche terminara con una enorme fiesta postiza de cumpleaños. Estaba cantado el desenlace. La presión ejercida en los socialistas ha terminado por surtir efecto y ha dejado por el camino a varios cadáveres políticos y a un partido que parece haber salido de la casa de Gran Hermano. Ya imagino la escena: en un despacho donde las paredes están selladas, Inda, Marhuenda, Cebrián, empresarios con pasta y presidentes de bancos fuman puros celebrando el trabajo bien hecho. No ha sido nada personal, sólo negocios.

Vale, con los resultados electorales encima de la mesa, las matemáticas siempre fueron desfavorables a los socialistas. Un pacto por la izquierda era casi imposible: poner de acuerdo a demasiada gente con ganas de gresca. Por la diestra tampoco sumaban. Así que el PSOE estaba en medio, mediando con unos y otros a ver si engatusaba a alguien, sabiendo que si fracasaba le iban a acusar de la muerte de Manolete. Pero no lo consiguió, como era de esperar. Pedro Sánchez se acercó al borde del precipicio de las terceras elecciones y la guarda pretoriana, encabezada por el jarrón chino de Felipe González, rociaron con gasolina a su Secretario General ante la humillante derrota electoral que venía.

Llegó un punto en el que el PSOE debía elegir entre ser penetrado por Podemos o arrodillarse y hacerle una felación al PP. Pero cabe preguntarse si había alternativa a esta humillación pública y qué grado de responsabilidad tiene cada partido en este año trufado de fracasos que, principalmente, han pagado en Ferraz. Preguntarse por qué Rajoy no intentó negociar con el resto de partidos en la primera legislatura, negando al rey una investidura como partido más votado. O que Podemos quisiera repetir las elecciones para buscar un sorpasso que no llegó, utilizando la cal viva y exigiendo ministerios para provocar el rechazo socialista ante un posible pacto de izquierdas. O que, ya en esta segunda legislatura, el PP no cediera ni concediera alguna medida ‘progre’ para negociar aseadamente la abstención socialista. O que Ciudadanos, ese partido que nació para limpiar a la derecha de sus corruptelas, pactara con quien decía era su enemigo, al mismo tiempo que se sabía que el nombre de un ministro estaba en los papeles de Panamá. O que Unidos Podemos hiciera un ridículo calamitoso al perder un millón de votos. O que Pablo Iglesias y Albert Rivera, antaño unidos en la futura regeneración política y de las instituciones, impidieran con sus vetos un gobierno alternativo.

Finalmente, todo este cúmulo de despropósitos acabó en el PSOE, como ya se podía intuir desde el 20D y el NO fue SÍ. Entiendo que en la primera legislatura, Sánchez intentara buscar aliados para formar un gobierno. Estaba en su obligación como líder de la oposición. Pero después de las segundas elecciones, con la prensa en el cogote, lo más sensato era lavarse las manos y amenazar con la abstención si nadie se ponía de acuerdo a tiempo. No lo hizo y la prensa es implacable con los desobedientes. Cebrián estará muy feliz, él es el anfitrión de esta fiesta donde se fuman puros y se hablan de negocios, nada personal.