27/10/2016

Artículo de: Luis Daz Martnez

Algo ms sobre don Gustavo Gillman

De padres de buena posición, don Gustavo Gillman Bobet nació en el centro de Londres, en la conocida por la city, en el año 1856. Su madre fue de nacionalidad helvética, en la ciudad de Newchatel en donde los veranos don Gustavo con su familia pasaba las vacaciones en la bella  ciudad suiza a orillas del lago Leman.

Muy joven, apenas contaba con 20 años de edad, fue destinado al coto minero del Centenillo en el municipio de Linares en donde en una de sus visitas en la ciudad de Granada conoció a su futura esposa María del Rosario Sirvent, nacida en Málaga.  Contrajo matrimonio en Gibraltar. Los esposos vinieron por estas tierras cuando Gillman fue destinado en 1876 al coto minero de la Cuesta de Gos. En ese tiempo establece amistad con el ingeniero belga don Luis Siret Cels que trabajaba en el  vecino distrito minero  de Parazuelos.

Al final de los ochenta don Gustavo pasa a la Cía inglesa de ferrocarril en plena construcción del ramal Almendricos – Águilas, cuyo director general fue don Neil Kennedy. Este trasladó a la sede de la Empresa ferroviaria asentada en Lorca a Águilas. Pasa los años, y don Gustavo es nombrado Director general en 1909. Le sustituye en su ausencia  don Jorge L. Boarg.

Hay que tener en cuenta la profunda amistad de los dos personajes de nuestra historia, Siret y Gillman. Cuando el primero regresa a Bélgica casado con Magdalena Belpaire, los recién casados vienen a vivir en la casa que le proporciona Gillman  junto a él, en la calle La Soledad, hoy Balart. Tres años dura la vida matrimonial de Siret con residencia en Águilas  pues su esposa muere de sobreparto de su segundo hijo. Es atendida en tan doloroso trance por el médico  recién llegado de Madrid, don Alejandro Santamaría de Paz, que nada puede hacer por atajar la grave septicemia de la parturienta. Don Luis Siret, ya viudo, se traslada a la Herrería de Cuevas de Almanzora  en donde ejercerá por largos años su pasión favorita, como fue las prospecciones arqueológicas  que le han hecho inmortal en el campo de la investigación de remotas civilizaciones. Allí con su hermano Enrique conoce el enjambre de vestigios arqueológicos que se haya en la zona del municipio  de Cuevas.

Volviendo a don Gustavo Gillman, al aumentar su familia su vivienda se queda pequeña y se traslada al segundo piso de los Muñoces en la Glorieta o plaza de la Constitución. Al venir al mundo más hijos, los Gillman Sirvent pasan a vivir a la casona de la Huerta del Consejero construida en 1809 por el sacerdote don Antonio de Robles Moñino, hijo del delegado regio don Antonio de Robles Vives y sobrino del conde de Floridablanca. En la puerta de la casa, su dueño era don Raimundo Ruano Blázquez, plantó una esbelta parra que además de dar abundantes racimos de uva protegía con su sombra los implacables rayos de sol. La familia la llamó “Parra House”. La casa de la parra. En el  año 1911 le ofrecen su traslado a Brasil para que se  hiciera cargo del tendido férreo de aquella gran nación. Lo acepta y prepara su gran equipaje. En 1912 desde Lisboa don Gustavo parte hacia Brasil con el pesar de toda su familia que lamenta  su ausencia. Diez años estuvo don Gustavo en tierras americanas dedicado a los puentes y demás edificios que son semejantes a nuestra vía férrea. Con el paso del tiempo aumentaba su ansia de volver a sus seres más queridos. Con gran ilusión esperaba el momento de su regreso, porque fue muy hogareño, pero le sorprendió la muerte debido a la peligrosidad del clima tropical que le atacó al sistema respiratorio. Las hojas del almanaque señalaban el año 1922, fecha de su defunción. Contaba con 66 años de edad.

Don Gustavo Gillman además de ser un excelente fotógrafo, (se conserva numerosas fotografías con grandes muestras de su valía. Gracias a él los aguileños podemos darnos una idea del ambiente social de las águilas de finales del siglo XIX y principios del XX) cultivó con esmero los pinceles de la pintura y del arte musical. Paco Montalbán en una de sus interesantes charlas nos indicó que el Sr. Gillman fue un enamorado de la Astronomía y un gran matemático. Por añadidura diré que don Gustavo  colaboró con don Jorge L Boarg a la composición de un libro sobre álgebra. También echó una mano mi abuelo materno don Antonio Martinez Carrión uno de los pocos españoles que llegó a la junta directiva de ferrocarril inglés. Para llegar tan alto tuvo que aprender el idioma nativo de la empresa.

Se puede decir que el ingeniero Inglés, Mister Gilman, fue un Leonardo de Vinci en su época, pues todo el saber humano le apasionaba. De trato sencillo y cercano, fue querido por toda la plantilla de obreros y empleados de la magna Empresa inglesa ferroviaria.

Estos datos del personaje que nos ocupa nos lo proporcionó su hija Doña Elena Gillman de Lowenthal. Queda registrados para la biografía de este gran personaje, astro que brilla con luz propia de los prohombres en nuestra historia local.