29/11/2016

Artículo de: Lara Daz

POR QU SALUDAMOS AL SOL?

El saludo al sol (Surya Namaskar, en sánscrito) es una secuencia muy conocida por los practicantes de yoga. Está formada por 12 posturas, acompañadas del control de la respiración, siendo cada posición la contra postura de la anterior de forma que la columna gane en flexibilidad y los músculos vayan entrando en calor para realizar de manera eficaz el resto de ásanas que integran una sesión completa de yoga.

Los saludos al sol trabajan a nivel cardiaco, proporcionan coordinación, ayudan a postrar la atención en el momento presente por lo que se reduce el ruido mental, otorgan flexibilidad y elasticidad al cuerpo y elevan los niveles de energía.

Como he comentado, el saludo al sol se suele emplear como un calentamiento para comenzar la práctica de yoga pero también se puede realizar una clase entera basada en estas doce posturas e ir integrando algunas variantes. De esto dependerá el estilo de yoga que practiques o de la rutina que el profesor quiera realizar en cada clase.

La traducción literal de “Surya” sería sol, creador de la vida y “Namaskar” se traduce como reverencia o saludo. Además, en la mitología hindú el Dios Sol es considerado como un símbolo de buena salud y de vida eterna.

Sobre el verdadero origen de esta secuencia de yoga hay mucho escrito y no todos los textos coinciden en sus palabras.

Existen fuentes que señalan que esta secuencia de posturas yóguicas es una creación del s. XX del político hindú Bala Sahib, que lo ideó y desarrolló en 1.929, obteniendo popularidad cuando en 1.937 una periodista británica Louise Morgan lo aprendió mientras vivió en su palacio en Aundh (Majarastra, India.). Después de este tiempo ella comenzó a darle difusión con su libro,  “The Ten Point Way to Health” (el sendero de diez puntos hacia la salud.). En cualquier caso el Saludo al Sol alcanzo su máxima difusión después de la segunda guerra mundial, primero en Estados Unidos y luego en el resto de Occidente.

Tradicionalmente, los yoguis practican esta secuencia al amanecer, con el sol de frente y en un ambiente tranquilo que invite a interiorizar la práctica. Es un símbolo de respeto hacia esa luz que nos calienta y que nos ilumina y una manera de reconocer que esa luz también somos nosotros mismos en esa unión de lo espiritual con lo terrenal.