18/12/2016

Artículo de: Luis Daz Martnez

La Navidad de antao en guilas

Mirando el calendario podemos ver que faltan pocos días para la Nochebuena. En nuestro idioma cervantino la llamamos así la noche del día 24 de diciembre, víspera de la Navidad. En la lengua inglesa se denomina Noche Santa, y en francés La Nouit Noel, la noche del Nacimiento.  Todo viene a ser lo mismo. La Europa cristiana o  el mundo occidental celebra esa noche y el día siguiente el acontecimiento más grande que han sido testigos todos los siglos como es el conmemorar el nacimiento del Dios Humanado en la persona de un niño alumbrado por una madre virgen en un pobre portal o establo porque no tenían aposento en la posada de Belén. (Lucas.2.7).

De cara a estas pascuas de Navidad podemos decir que estos días de fiesta tan añorados y llenos de recuerdos los cristianos la celebraban ya desde el siglo IV. Antes se recordaba la Epifanía o adoración de los Santos Reyes. El motivo fue recordar que Cristo se manifestó a los pueblos no judíos en las personas de los magos de oriente. Fue en la época del emperador Constantino en el año 320 cuando se comenzó a celebrar la fiesta de la Navidad. El emperador era devoto del dios sol y cuando se convirtió a la fe cristiana cambió la celebración del nacimiento del sol invicto por el natacilio de otro sol invicto: Cristo Dios resucitado.

Volviendo al evangelio de Lucas  leemos en 1.68. “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará un sol que nace de los alto”. Ahí tenemos la  Navidad coincidiendo con el  sol invicto espiritual que se celebra el 25 de diciembre, pues en ese día se celebraba el astro rey de nuestro sistema planetario  que salía triunfante de las tinieblas de la noche; del mismo modo, Cristo Jesús con su evangelio y su acción redentora vence toda acción del rey de las tinieblas de la mentira y del odio inmersos en el espejismo del mundo material y sin Dios que nos rodea.

Dejando a un lado las consideraciones teológicas de las fiestas navideñas voy a intentar mostrar el ambiente que se vivía en aquellos duros años de la posguerra cuando llegaba los días ansiados de las pascuas. Referente a los hogares las amas de casa ya metidos en septiembre ahorraban unas pesetas para hacer acopio de las viandas extras de ese tiempo tan entrañable. No querían que sus hijos pasaran el hambre que llevaban encima durante los largos meses del año. Por eso con tanto amor maternal amasaban las toñas y los dulces caseros que eran una delicia para su prole y demás familia.. No querían pasar la Navidad como aquellas del tío Jacinto: “Las Pascuas del tío Jacinto, vamos a tener hogaño; Acostarnos sin cenar y amanecer sin un chavo”.

Se ve que el tío Jacinto era el paradigma de la miseria y del hambre, pues había un guiso muy pobre que se conocía por las patatas del tío Jacinto: Consistía en  unas papas cocidas con hojas de laurel.  Y se acabó.

La noche buena de entonces era vigilia, esto es, no se podía comer carne hasta entrada la medianoche. Por eso se cantaba: La noche buena se cena, patatas con bacalao; ensalada de escarola, y vino del embocao. De ahí viene la atascaburra, plato típico en la noche de la Navidad. Luego venían los villancicos, después degustar los variados dulces caseros regados con los licores más representativos como eran el coñac y el anís. En el campo se ponía un postre de tortas de pascua con longaniza hecha de la matanza a finales de noviembre. Eran fieles al dicho: En san Andrés, mata tu res, gorda o flaca o como esté. Al ser Águilas un pueblo enteramente marinero se guardaba para esos días musina y pulpo seco u oreao para ponerlo en la mesa. Luego venían los pescados buenos de nuestra costa.

En el pueblo eran famosos los belenes de Dª Delfina Medrano, la tía de los perros, era la única casa que tenía dos canes. Pillaba toda una habitación de su vivienda en el paseo de Parra. Además había en el pueblo el belen de Dª Lola Hernández Comellas en la calle de Lara. Los zagales íbamos a cantar villancicos ante esa muestra tan genial de la Navidad  en España y nos daban como recompensa algunas pesetas como aguinaldo y unos cuantos dulces. Ante esta dávidalos chiwuillos salíamos corriendo de la estancia belenística y con el regusto de los alfajores y mantecaos , y el aguilando en metálico , ya nosotros habíamos hecho las Pascuas.

Bien temprano el día 25 se iba a la iglesia a cantar las pascuas en la misa de la Aurora o de los pastores. Allí el Perdio y más tarde el Miope y el Chillaeras, hacían gala de su arte de improvisar las letras de los villancicos, por algo era os mejores aguilanderos Ha quedado una famosa copla para la posteridad. Es esta: Oh Virgen de los Dolores, una lámpara te falta, vamos pidiendo limosna para hacértela de plata. Los mayores de sesenta años la recuerdan hoy en día.

Al terminar la Misa la Hermandad con su estandarte portando la fotografía de la Virgen de los Dolores, recorría las casas de los familiares y amigos. Los guiones o aguilanderos  cantaban las coplas improvisadas dedicadas a los señores de la casa dándole las gracias por el buen recibimiento que les habían hecho. A veces eran de alago estas improvisadas coplas. Y si algún difunto estaba en la memoria de los dueños del habitáculo visitado, solicitaban que cantaran en sufragio de su alma.

Después de gustar las dulzainas navideñas ya preparadas en la mesa del comedor en una bandeja tapada con un lienzo blanco y de darse  los componentes  de la cuadrilla un tiento de coñac o de anís, se iban más contestos que “unas pascuas”, no mejor dicho, al ver que los anfitriones le habían echado unos duros en la bolsa de lienzo donde depositaban los donativos y limosnas. Así  caminaba la Hermandad de la Pascua recorriendo las calles más desfavorecidas del pueblo, pues las viviendas de los churubitos no eran visitadas por los pascueros. Los más asiduos vecinos  eran los que vivían del esparto y de la pesca. Los más humildes del pueblo  pero los que mejor sabían gozar de las fiestas de Navidad. Cuando en una casa era más pudiente, mataban un pavo, entonces el guionista improvisaba: Esta noche es noche buena, noche de matar el pavo, y echaremos las plumas al vecino más cercano.  Lo cierto  fue que la hermandad o cuadrilla de la Pascua no se recogía en los cuatro días que duraba las fiestas navideñas. Y  los componentes de la misma unos diez o doce hombres, por último, llegaban a sus casas como el gallo de Morón, cacareando y sin plumas. Desde luego que cuatro o cinco días cantando y bebiendo sin parar y durmiendo de mala manera en alguna vivienda de familiares o conocidos del trabajo de la espartería o de la faena pesquera  terminaban como los toros de lidia, para el arrastre. Con el cuerpo “molío” y sin voz, capaz de pronunciar una palabra.

 

Además de la hermandad del pueblo se podía contar la de los almadraberos de Calabardina. Sus componentes subían a la ermita del Garrobillo. Y en noble lid, se mezclaba con la música  de la cuadrilla de la Cuesta de Gos. Como estandarte portaban colgado un pulpo seco con la imagen de la virgen; de guión era el Rojo; Antonio Mayor el Vilar tocaba la pandereta, pieza clave en la música de las pascuas aguileñas, y el Garrumbo se apañaba tocando el laud, el motorista del Bolo o barca que iba todos los días al puerto de Águilas para hacer las compras y el recado de los amigos y vecinos  de la Almadraba. La travesía duraba pasados los cuarenta minutos,  casi una hora. El barco no era muy rápido que digamos.

El día ocho de este mes de diciembre la hermandad de Calabardina subía al Garrobillo andando y cantando las pascuas. Allí se batían con la cuadrilla del lugar y ya anochecido, regresaban a su vecindad contentos de haberle cantado a la Pura Concepción Patrona de aquella pedanía.

La tercera hermandad del municipio se hallaba en Los Arejos. Allí se celebraba el día de los Santos Inocentes como en la Marina de Cope. Y era famoso el Zapata un experto en la pandereta además de bailar la malagueña y demás piezas de  nuestro rico folclore.  Otro tanto ocurría en el Garrobillo. El día de los inocentes eran celebrado por todo lo alto y es una cosa maravillosa que hoy en día tanto en la fiesta de la Pura, como en la Cuesta de Gos, y el 28 de diciembre tenemos ocasión de escuchar y vivir las pascuas nuestras de Águilas. Es un milagro que en la actualidad esté viva esta agrupación musical, gracias a sus componentes  que con tanto entusiasmo dan alegría festiva a las fiestas tan entrañables de la Navidad. Pensamos que en sus típicos sones y letras compuestas sobre la marcha, nos hacen poner por la emoción la carne de gallina.