26/01/2017

Artículo de: Luis Daz Martnez

Sobre el Carnaval

No es fácil averiguar con certeza la etimología del carnaval. Se le hace derivar del italiano “carne vale” (carne a dios). Otros señalan  que viene de Currus navale: Carro naval.

Desde la noche de los tiempos ya se celebraba estas fiestas que en un principio tenía cierto carácter religioso, según en la primera época pagana en la rivera del mar Mediterráneo. Después este sentido ritual desapareció. Hay que considerar diversas etapas. 1º.- En la fiesta del año nuevo: o la entrada de la primavera que simboliza el renacimiento de la madre naturaleza. En dicha celebración se hacía un desfile tirado por mulas lleno de máscaras que danzaban y cantaban un tanto beodos. De aquellos cantos en Grecia se originó el teatro o la comedia, cuyos actores iban enmascarados. Según acreditan algunos vasos áticos el carnaval se celebraba en los siglos sexto y quinto a. de C..- El antiguo carnaval estaba también entroncado con la fiesta de los muertos.- Las máscaras representativas de los difuntos fueron los que dieron también origen al carnaval. Los finados eran representados por máscaras vestidas de blanco. Se invocaban a sus espíritus mientras que danzaban alrededor de las mismas. Así pues, el disfraz y la máscara del carnaval comenzó con aquella túnica blanca, vestida en representación de los  muertos.

Estas fiestas fueron a parar al culto del dios Dionisios en la Grecia clásica y pasó a Roma con el dios Baco o Sileno, adoradores de los borrachos. Más tarde se originó las bacanales, las saturnales y las lupercales o fiestas de las prostitutas. Todas ellas dominadas por un desenfreno civil y moral que llegó al paroxismo más completo. Las mismas celebradas en el antiguo Egipto en honor del dios Apis. Implantado el cristianismo en el imperio romano los seguidores de esta nueva religión, una vez dada la libertad por Constantino en el siglo IV, los obispos lanzaban la excomunión dirigida para aquellos creyentes que habían tomado parte en estas fiestas. Es verdad que los beodos carnavaleros se burlaban de los mojigatos cristianos que no se atrevían a participar del desenfreno del carnaval de la antigua Roma.

No solo se celebró el carnaval en el mundo Mediterráneo sino también en la Europa Central antes de la llegada del cristianismo. Los druidas, antiguos pobladores europeos ya celebraban estas fiestas en honor de la diosa Herta, la madre tierra al principio de la primavera. Vestidos de campesinos iban por los pueblos portando los utensilios de labranza.  Era una primera fase de sano esparcimiento. Con el paso del tiempo en Alemania tanto era el jolgorio del carnaval que lo llamaron “fasnah” o fiesta de la locura o de la jarana.

A comienzos del siglo XVI con la llegada de la Reforma Protestante y la guerra de los treinta años, se anuló por completo esta fiesta pagana. Los puritanos reformadores no podían soportar estas manifestaciones libidinosas que iban en contra del espíritu cristiano. Pero a partir del siglo XIX, llamado de las luces, volvió a la nación germana el ímpetu carnavalero. La ciudades alemanas de Colonia, Munich y Disseldord  son famosas por sus carnavales en donde ríos de cerveza salpican a sus participantes tanto las máscaras como a los asistentes a estas celebraciones. Mirando al centro de Europa también se celebran con esplendor en Austria, Hungría y la puritana Suiza.

No hay que olvidar los carnavales de Venecia, que son símbolo de los carnavales de la época del romanticismo y de la Ilustración  del siglo XVIII.

Las elegantes máscaras imitando a las señoritas antiguas en sus cabalgatas, lucha de animales acompañadas de fuegos artificiales, muestra de los juegos circenses y otros  espectáculos callejeros, embelesan al público. Hace del carnaval de Venecia el más renombrado de cuantos existen en la  Europa  actual.

En Francia tuvo entusiastas partidarios en los reyes Enrique III y IV de este nombre.  (Siglo XIV) Estos Capetos recorrían las calles de París enmascarados haciendo mil locuras yendo como comparsas los nobles y cortesanos. Mientras tanto el pueblo en las tabernas y tugurios  se entregaban al desenfreno más embriagador. Con la llegada de los borbones, Luis XIV, el rey Sol, los carnavales llegaron a su máximo esplendor.

En España los árabes al contacto con la cultura grecoromana a veces se mostraron entusiastas con las fiestas del carnaval. En el siglo XI con la llegada de los fanáticos almohades provenientes del desierto impusieron su estricta ley coránica, arrasaron el palacio de verano del califato cordobés y Medina Azahara se convirtió en ruinas.

Así transcurrió el tiempo sin asomo del jolgorio carnavalero hasta que en  1640 con la llegada de Felipe IV, el rey más popular y simpático de los Ausburgos, no solo protegió el carnaval si no que en su alcázar palaciego se daba toda clase de representaciones de  disfraces.

Al comienzo del siglo XVIII el primer borbón de España Felipe V por su carácter misógeno y reservado nunca fue de su agrado este espectáculo popular. Parece ser que nuestro rey fundador Carlos III durante su reinado se introdujo en el teatro el baile de máscaras. Si es cierto que el conde de Aranda fue un entusiasta del carnaval. Y en su palacio de Madrid acudía parte de la nobleza a las distintas celebraciones de los saraos  y rigodones de disfraces imitando aquellos que ya estaban enraizados en la corte de Versallles.

Durante el absolutismo de Fernando VII se prohibió el carnaval. Al morir en 1833 su segunda esposa, María Cristina de Borbón, la reina que firmó la definitiva independencia del municipio de Águilas con respecto al Corregimiento de Lorca. Durante su regencia, los carnavales volvieron al esplendor que tuvieron antaño.  Ya su hija Isabel II siguió con la norma liberal de permitir esta clase de espectáculos.

En nuestro pueblo durante la segunda mitad del siglo XIX se incrementó el carnaval con el bum minero en 1845, llegando su fiesta a ser una de las más características del tiempo invernal. El periodo de la segunda República (1931-1936) tomó tanta fama las manifestaciones del carnaval que había trenes especiales para asistir a los mismos. Recordamos las dos estudiantinas, una especie de tunos infantiles que con sus instrumentos de cuerda llenaban de melodías las abarrotadas calles adyacentes de la Glorieta. Quedan en la memoria sus dos directores Adolfo Olivares y Pepe “el Gato”. Aparte mostraban sus chirigotas las murgas  que se metían con todo el mundo, especialmente con los churubitos y gentes de derechas. La gente en la calle se partía de risa.

Para terminar doy una pincelada de la época del general Franco. Durante los veinte primeros años de su gobierno, manifestó una dura dictadura al pueblo español. Estaban prohibidos los bailes particulares en cualquier época del año; la censura de las películas se llevaba a rajatabla y se controlaba con todo rigor la moralidad pública en los centros públicos y en las playas. Para llevar a cabo esta medida de control, los gobernadores civiles encargaban a los alcaldes que colocaran bandos exponiendo las normativas vigentes. Ya en los últimos años del franquismo se atenuó estas medidas coercitivas y la guardia civil antes muy rigurosa por cumplir lo fijado en los papeles oficiales que perseguían con los “berbajos” a las inocentes máscaras, en ese tiempo hacía la vista gorda ante la manifestación carnavalera. Se decía entonces que los disfraces con máscaras eran muy peligrosos por quedar en el anonimato el posible crimen amparado por la máscara del disfraz. Pero en nuestro pueblo nunca se dio esta clase de problema. En el año 2015 se consiguió declarar los carnavales de Águilas de Interés Turístico Internacional, cosa que nos ha llenado de satisfacción a todos los aguileños.