04/02/2017

Artículo de: Juan Domingo Guerrero

LA VCTIMA

Como ya dije en mi artículo de presentación, la criminología es aquella ciencia multidisciplinar y empírica que se dedica al estudio de todos los factores que influyen en la comisión de un delito, y dentro de esos factores dignos de estudio a la hora de evaluar los motivos y consecuencias de los delitos, nos encontramos con uno que muchísimas veces no se tiene demasiado en cuenta, que no es otra que la víctima. La víctima es siempre el sujeto pasivo del delito, el que sufre las consecuencias de un hecho delictivo, y hasta mitad del siglo pasado no fue muy tenida en cuenta a la hora de su estudio, de sus derechos, o del estudio de su influencia en la comisión del delito.

Para estudiar esta figura dentro del proceso de un hecho delictivo, se crea la victimología, que no es otra cosa que la disciplina criminológica que estudia el papel que la víctima desempeña con relación al delito y las consecuencias que el delito ocasiona en estas, tanto desde el punto de vista de su sufrimiento, como víctima directa del delito, como objeto de prueba en el proceso de investigación y judicial, así como sujeto pasivo del delito, estudiando los efectos del hecho criminal en su persona, sus consecuencias particulares, su angustia, estrés, depresión, marginación social o el proceso post-victimal al rememorar los hechos en los que se produjo la comisión del delito.

En este estudio de la víctima, diferentes autores y a través del estudio de esta disciplina, se llega a la conclusión de que existen diferentes tipos de víctimas, fundamentado principalmente en el grado de participación de la víctima en el hecho delictivo, de su colaboración en el mismo o de su relación personal con los autores. El Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Murcia, D. Gerardo Landrove Díaz, realiza una clasificación de las víctimas que reúne la mayoría de autores anteriores, clasificando a estas como:

- Víctimas no participantes, que son aquellas víctimas completamente inocentes, no teniendo ningún tipo de intervención en que se haya producido el delito. Dentro de este tipo de víctimas existen dos subgrupos, como son las víctimas accidentales, donde existe un factor de “mala suerte” para ser víctima, o las víctimas indiscriminadas, cuando se produce un delito a una masa de personas indeterminada, como por ejemplo en un atentado.

- Víctimas participantes, quienes, al contrario que las anteriores, tienen algún tipo de relación con origen del delito, existiendo dentro de este tipo de víctimas, diferentes tipos de participación, como son:

  • Víctimas que no toman las precauciones necesarias para que el delito no se lleve a término.
  • Víctimas provocadoras, originándose el delito como consecuencia de una provocación llevada a cabo por ellas.
  • Víctimas alternativas, que son aquellas que son víctimas, pero que también podían haber sido “verdugos”, como por ejemplo los implicados de un duelo o de una riña previamente acordada.
  • Víctimas voluntarias, que aunque suene extraño existen, siendo aquellas en las que la propia víctima pide a la otra parte serlo, como por ejemplo en los caso de eutanasia.

- Víctimas familiares, como en los casos de violencia doméstica, en los que todos los participantes se encuentran dentro de la misma unidad familiar.

- Víctimas colectivas, cuando el perjudicado no es una persona física concreta, sino una colectividad.

- Víctimas especialmente vulnerables, englobándose en este grupo todas aquellas  personas que, como consecuencia de unas circunstancias personales concretas, como edad, enfermedades, minusvalías, presentan una predisposición a sufrir un acto delictivo, o bien factores sociales que aumentan el riesgo, como profesiones, niveles económicos o lugar del domicilio.

- Víctimas simbólicas, en la que se convierte víctima al sufrir un ataque contra sus valores, ideales o religión.

- Falsas víctimas, denunciando hechos falsos delitos, bien por tener un ánimo de perjudicar a un tercero, o bien por creer de forma equivocada ser víctima de un delito.

Esta es una de tantas clasificaciones de víctimas que existen, pero creo que es la más actualizada a la realidad a día de hoy, y sobre todo la más comprensible. Y después de conocer los tipos de víctimas, si ha sido víctima de algún tipo de delito, podría preguntarse perfectamente en cuál de todos esos tipos se encuadraría el que usted haya sufrido.

Además, a la gran mayoría de víctimas hay que añadirle el proceso al que se van a someter a partir del momento en que han sufrido el delito, conociéndose ello como victimización secundaria, que no es otra cosa que va a pasar a ser víctima de un sistema policial y judicial que, desgraciadamente, en muchas ocasiones le va a hacer sufrir también un cúmulo de despropósitos. Cuando hablamos de legislación penal siempre escuchamos aquello de que en el código penal se busca la resocialización y la reinserción del delincuente, creyendo   personalmente que debe ser así, pero, ¿en ese proceso penal dónde queda la víctima?, porque, en ocasiones, las víctimas pueden haber sufrido un delito el cual pueda ser resarcido por el autor, pueda ser compensado económicamente o solucionado a través de la mediación, pero, en muchos de los casos, la víctima se encuentra conque no va a recuperar nada de lo perdido en el proceso delictivo, va a sentir desprotección en el proceso judicial, empezando desde el mismo momento que entra en las instalaciones judiciales, compartiendo zonas de reunión con los autores de los hechos, así como con la ralentización de los procesos, con el trato de todas las personas con las que se cruza desde que se comete el hecho, siendo ello sólo una pequeña parte de la victimización secundaria a la que da la lugar el sistema judicial.

Es muy necesario cuidar mucho más la figura de la víctima, estableciendo en el sistema penal una mayor atención y protección, tanto para ellos como para sus familiares, ya que son la parte más débil de proceso criminológico, debiendo poner el proceso penal todos los medios posibles a su disposición, para de esa forma intentar restaurar a la víctima el daño físico, moral, patrimonial y social que ha sufrido la víctima como consecuencia de la comisión del hecho delictivo.