02/03/2017

Artículo de: Juan Domingo Guerrero

LAS DENUNCIAS DE TRFICO

En nuestra profesión, en algunas ocasiones, existen situaciones o actuaciones que resultan gratificantes, y esa es la parte bonita del mismo, en las que alguna vez, muy de vez en cuando, somos agradecidos por los usuarios como consecuencia de nuestro trabajo, aunque no tienen obligación ni nosotros debemos esperarlo ya que forma parte de nuestro empleo actuar con profesionalidad en situaciones de estrés, traumáticas o violentas. En cambio, la parte negativa se da en la mayoría de ocasiones cuando trabajamos en una materia que es una de las que más desarrollamos el día a día, que no es otra que la denuncia de infracciones de tráfico. En muchas ocasiones, con mucha más habitualidad de lo deseado, somos criticados, reprochados, insultados o juzgados por una parte de la sociedad o por algunas personas que no se encuentran de acuerdo con lo que algunos dicen que es afán recaudatorio o, como algunos creen, de forma muy equivocada, que tenemos que cobrar las comisiones de las denuncias para así cobrar nuestra paga extra.

Siempre he pensado que si todos tuviéramos algo más de empatía, o lo que es lo mismo, nos pusiéramos en el lugar de la otra persona, del afectado porque hemos cometido la infracción, posiblemente habría muchísimas menos denuncias. Y es que puede haber infracciones que sólo atañen a la seguridad de uno mismo, y el estado, en cumplimiento de sus obligaciones jurídicas y velando por nuestra seguridad, intente sancionar esas actitudes, pero la gran mayoría de infracciones conllevan un peligro o una molestia o a otros usuarios, pero claro, como el otro usuario no soy yo pues…como dicen por aquí: “ajo y agua….”.

Cuando una persona físicamente sin problemas estaciona en una plaza reservada para minusválidos no piensa en que esa plaza está dirigida para que estacionen conductores con algún tipo de imposibilidad física que le condiciona en su movilidad, no habiendo elegido este poder aparcar en ese lugar, que a él no le gustaría tener que solicitar su tarjeta de minusválidos, sino que le gustaría poder andar con total normalidad, encontrarse bien físicamente para poder aparcar a tres calles del Ayuntamiento y acercarse andando al mismo, sin necesidad de tener que haberse comprado el coche automático porque no puede embragar correctamente el vehículo con sus piernas.

Cuando una persona aparca sobre un paso de peatones no valora la posibilidad que por el rebaje del paso peatonal vaya a cruzar una silla de ruedas, o que unos padres no puedan pasar porque el carrito del bebé no cabe entre coche y coche, o que exista peligro para que los conductores que circulan con su turismo por la calle vean a los peatones salir entre los vehículos y se produzca un atropello, pero claro, es que he tenido que dejar el vehículo en el paso de peatones porque he ido a tomarme un café al bar de al lado, porque he ido a sacar tabaco al estanco o porque he ido a comprar el pan al supermercado de al lado, cosas que son “urgentísimas” y que justifican cualquier infracción claro está.

Cuando una persona estaciona en una parada de autobús no creo que tenga muy en cuenta que cuando llegue ese autobús va a detenerse en el centro de la calzada, y mientras suban y bajen los pasajeros del autobús se van a acumular los vehículos y van a tener que esperar porque hay una persona que le ha dado absolutamente lo mismo que se produzca un perjuicio a un tercero, porque como dice el refrán, mientras ande yo caliente….

Cuando una persona aparca su vehículo en una zona de carga y descarga, y va a tomarse un cafetito con su señora, no debe de ponerse en la piel de ese transportista que tiene de llevar un paquete de 20 kilos, a las 13:00 horas, un día cualquiera, en pleno mes de agosto, desde su furgoneta cargada de paquetes a una puerta que está al lado de la parada de carga y descarga, pero que como tiene un Seat aparcado en plena parada pues tiene que irse a doscientos metros y sudar la gota gorda para dejar el paquete de Amazon en la casa de cualquiera de nosotros.

Cuando una persona vaya hablando por el teléfono móvil mientras conduce debería de pensar que esa conversación, que el tiempo que vaya hablando por el móvil, se convierte en un peligro potencial para los demás y para todos los ocupantes de su vehículo, que la principal consecuencia de los accidentes de tráfico en España son las distracciones, y si hay una causa de distracción demostrada es la manipulación y uso del teléfono móvil, y que aunque crea que a él no le va a tocar, debería de saber que si se le cruza una persona, que si hay un frenazo, que si mira al teléfono a contestar el Whatsapp, el tiempo de reacción, si se produce, va a aumentar considerablemente,    pudiendo suponer que él, un amigo o familiar que vaya en su coche, o un tercero cualquiera que vaya tranquilamente circulando correctamente con su bebé, pueda ser víctima de su negligencia.

Por ello digo que es necesaria más EMPATÍA, porque sin duda si nosotros pensáramos unos minutos en ser ese minusválido, ese padre con su carrito de bebé, ese transportista, o esa persona que sufre el accidente de un conductor que habla por el móvil, entonces igual nos plantearíamos intentar seguir cien metros más y estacionar un poquito más lejos para andar un minuto y tomarme ese café o comprar mi paquete de tabaco, o si ver el whatsapp de mi amigo mientras estoy conduciendo.

Hay cientos de infracciones por motivos de tráfico, y todos podemos tener una valoración sobre si algunas son más o menos justas, pero en materia de circulación todas las infracciones cometidas por cualquiera de nosotros puede causar un perjuicio a terceros, y en ocasiones ese perjuicio no puede ser reparable, y entonces, cuando se produce un accidente por una infracción nuestra en la que fallece un tercero inocente no caerá en nosotros solamente el peso de la justicia, que a veces no es lo suficientemente duro a mi entender, sino que recaerá el peso de nuestra conciencia, la cual, si uno es una persona con valores, hará más daño que la justicia, y a partir de ese momento sabremos lo que es de verdad la empatía, porque sin duda nuestra forma de actuar variará y valoraremos más las consecuencias de nuestros actos en el resto de las personas.