18/03/2017

Artículo de: Lara Daz

Los chakras, esos rganos sensoriales no materiales

La mayoría de las personas piensan que solo existe el cuerpo físico como única realidad ya que es lo único que se puede percibir a través de los sentidos. Sin embargo, al ojo clarividente hay un sinfín de estructuras energéticas llenas de formas y colores tanto dentro como alrededor del cuerpo material.

Es fácil entender esta existencia de energía si pensamos en qué pasa cuando nuestro cuerpo muere. En ese momento, se pierde la energía que da la vida, que nos proporciona sensaciones, emociones y expresiones y, por tanto, el cuerpo físico deja de funcionar porque no se puede entender esa materia sin la energía que le acompaña.

Todo este entramado energético está compuesto por los cuerpos no materiales o energéticos; por los chakras o centros energéticos y por los nadis o canales energéticos.

En el artículo de hoy nos vamos a centrar en el funcionamiento de los chakras. Hay escritos que señalan que en nuestro cuerpo existen más de 80 mil centros energéticos pero estos serían tan pequeños y subordinados que no le vamos a dar la misma importancia que a los 40 chakras secundarios, que se encuentran, la mayoría, en la zona de la nuca, las palmas de las manos, el bazo y en la planta de los pies. Sin embargo, son siete los chakras principales y vitales para el funcionamiento del cuerpo humano. Estos siete chakras están dispuestos a lo largo de un eje vertical, localizados en la mitad anterior del cuerpo. En común tienen su forma, parecida a la flor de loto, y constantemente realizan movimientos circulares (a esta cualidad deben su nombre, chakras, en sánscrito significa rueda). En este punto, cabe resaltar una curiosidad ya que los chakras que en la mujer giran a la derecha en el hombre giran a la izquierda. No todos los chakras giran hacia el mismo lado. El primer chakra en la mujer gira a la izquierda y en el hombre gira a la derecha; El Segundo chakra en la mujer gira hacia la derecha y en el hombre a la izquierda y así sucesivamente con el resto de ruedas. Cuando un chakra gira a la derecha expresa más activamente las cualidades de ese centro, en cambio, al girar a la izquierda disminuye la fuerza que emana de ese centro energético.

Como media, en la mayoría de las personas, los chakras tienen un diámetro de unos diez centímetros. Estos centros energéticos desprenden un sinfín de vibraciones cromáticas pero siempre predomina una, siendo el color predominante el que coincide con la función principal de ese chakra.

Estas siete ruedas están conectadas por un canal central denominado Sushumna y es el que proporciona esa fuerza vital que nos permite mantenernos con vida. A través de este canal asciende la energía Kundalini (representa la energía cósmica de la creación) que reposa enroscada como una serpiente en la parte inferior de la columna vertebral.

No nos podemos olvidar de otros dos canales energéticos importantes: Ida y Píngala. Ida es el portador de la energía lunar que suministra serenidad y frescura. Comienza en la parte izquierda del primer chakra y finaliza en la fosa nasal izquierda. Píngala transporta la energía solar llena de fuerza y calor. Este canal nace a la derecha del primer chakra y finaliza en la fosa nasal derecha. En su recorrido, tanto Ida como Píngala, se van enroscando alrededor de Sushumna.

Los chakras constantemente irradian energía a nuestro entorno modificando la atmósfera que nos rodea. Por lo tanto, consciente e inconscientemente mandamos señales y vibraciones curativas influyendo así positiva o negativamente sobre situaciones, personas o sobre cualquier materia con la que tengamos relación.

El principal origen de los bloqueos de los chakras se encuentra en el momento en el que nos separamos de la naturaleza pura y del universo del que formamos parte. De pequeños perdemos la conciencia de esa unidad a la que pertenecemos y nos enseñan que solo podemos fiarnos de aquellas informaciones que recibimos a través de los sentidos físicos y del entendimiento racional, alejándonos peligrosamente de nuestros orígenes. De esta forma, comenzamos a perder esa sensación de bienestar, de seguridad y de plenitud para comenzar a buscarla fuera de nosotros, creyendo que el mundo exterior nos puede ofrecer algo para acallar esa sensación de angustia y de carencia. Y, así, nos pasamos la vida entera comprando cosas, cambiando una y otra vez de pareja porque nada nos termina de convencer, nada ni nadie sacia nuestra sed. Todos los pozos están vacíos y no nos damos cuenta de que el pozo que rebosa agua se encuentra en nuestro interior. Y Ahí, en la aceptación de nuestro ser, es donde se haya la llave que hace que los chakras vuelvan a girar, deshaciendo esos bloqueos que nos proporcionan la terrible sensación de infelicidad.