22/03/2017

Artículo de: Alfonso Soler

S fuerte, Pedro Antonio

Cualquiera que siga el presente de Pedro Antonio Sánchez lo verá con la suficiente distancia como para pensar que su empecinamiento por aferrarse al puesto no tenga ninguna lógica política, que afea la democracia y que daña su imagen por faltar a su palabra. Que está troleando a sus conciudadanos cuando dice que va a declarar ante el juez por voluntad propia para aclarar cualquier malentendido que haya podido suceder cuando en realidad acude obligado y como investigado. Cualquiera que lea la prensa se preguntará por qué no dimite si juró que lo haría llegado este momento. Y que si sigue sin cumplir con su palabra llevará a la Región a unas nuevas elecciones en breve. Cualquiera que no conozca mínimamente a su presidente regional puede pensar que es un gusano rastrero por todo esto. Quien lo conozca sabe que una imputación no es suficiente para acabar con su carrera política.

Pongámonos en la piel de nuestro presidente para empatizar con su causa. Metámonos en la sien de una persona que nació para ser político. Literalmente. Dicen que a los 14 años hizo su primer mitin y que desde entonces no se ha bajado del escenario. Aquel chaval vivió en primera persona el éxito de Valcárcel en una época donde el PP encadenaba victorias aplastantes. Fue alcalde de su pueblo Puerto Lumbreras siendo un recién treintañero. Se ganó la confianza del presidente, que le protegió hasta elegirlo como su sucesor. Se había preparado para este momento desde su pubertad y una imputación no le va a desviar de su camino. Ha mimetizado tanto su imagen como político que tiene 41 años pero parece que desde hace años superó los 50. Se saltó su juventud para forjar una imagen intachable, de hombre responsable y de gestor fiable. Su cara y su gestualidad no engañan: es un joven avejentado por su ambición política.

Eso sí, la imprudencia, las prisas y la codicia por el poder en su etapa lumbrerense le delatan como lo que era, un joven ambicioso que gestionó chapuzamente la contratación de las obras del auditorio y que contactó, como mínimo, con empresas de la trama Púnica para mejorar su imagen online. Sí, mal hecho pero, lector, piense en su juventud y verá. Yo hecho la mirada hacia atrás y me compadezco de PAS. Haga cuentas que las matemáticas no fallan. Qué haría usted si hipotecase toda su vida para lograr un objetivo laboral ambicioso de tan largo plazo, sacrificando su juventud y labrando metro a metro un recorrido áspero e ingrato. La llegada a la presidencia de Pedro Antonio Sánchez es un premio a la insistencia.

Cometió errores y ahora los cabrones de la oposición piden su cabeza. Qué sabrán ellos. Sólo él ha padecido el sacrificio de quien aspiró a lo más alto desde que era imberbe. Es posible que tomara malas decisiones pero, que se sepa, no ha robado un euro público. Y ahora, después de una carrera de fondo de casi tres décadas, no se va a ir por “higiene democrática”.

Alguien ha pensado a qué se va a dedicar si le echan de la política. ¿Se lo ha preguntado? Pobre hombre. Toda la vida persiguiendo un sueño para que ahora tres oportunistas quieran echarlo como un desahuciado.

A Pedro Antonio Sánchez le está pasando lo que a muchos políticos de su generación: confunden vocación con profesión. Trata la política como algo personal y laboral. Por eso, su gente le ha respaldado recientemente nombrándolo nuevo presidente del PP murciano. Total, qué es lo peor que le puede pasar, ¿convocar elecciones, ganar por mayoría absoluta y que el nuevo fiscal archive sus cosillas? Sé fuerte, que todo llega.