01/04/2017

Artículo de: Alfonso Soler

La Audiencia Nacional trae de vuelta a Carrero Blanco

De repente, sus señorías de la Audiencia Nacional se han montado en el Delorean y han marcado una fecha, el 20 de diciembre de 1973. Traen de vuelta a Carrero Blanco, o al menos lo que quede de él, que es mucho todavía. Desde el momento de su despegue ese día hasta hoy, el viaje espacial del presidente del gobierno de Franco ha sido la historia de infinititos chistes. Ahora, 44 años después, el tribunal regresa al pasado para avisar al pueblo de que no tendrá su venia en este asunto y que hacer chistes constituye un delito de enaltecimiento del terrorismo. Al oír esto, Franco hace una mueca extrañado: “Claro, eso es lo que pasa ahora, para eso está la censura”.  Regresamos al futuro, es decir, al presente, que se parece más de lo deseable al pasado. La Audiencia Nacional hace regresar a Carrero Blanco, dispuesto a rendir cuentas y a poner orden.

El caso de Cassandra Vera engrosa la lista de ejemplos por los que el ciudadano intuye que la justicia no es igual para todos por mucha democracia que haya. Pero este caso va un paso más allá: es un aviso público para quienes tengan incontinencia humorística tecleando cualquier parida desde su ordenador. La libertad de expresión ha quedado en entredicho. Da igual si tu intención es ganar un puñado de followers, desahogarte después de un día duro o puro aburrimiento. Ahora, hacer chistes te puede llevar a prisión y joder la vida.

A la tuitera aguileña le ha caído un año de cárcel (la mitad que a Urdangarín) y su proyecto de vida, de momento, ha saltado por los aires como el cohete de Carrero Blanco (¡tachán!). He leído los tuits que la condenada vino escribiendo en los últimos años y sólo me cabe certificar mi opinión inicial: le ha tocado a ella como le podía tocar a cualquiera que pasara por ahí. O a Tip y Coll, que hace 33 años escribían esto: “De todos mis ascensos, el último fue el más rápido”. Hace menos años, en la sería Aída, uno de sus personajes dijo que  "con un abrigo igual seduje yo a Carrero Blanco, antes de que pegara el salto, claro... el salto a la política, digo". Más. Cebrián: “Carrero Blanco coge un taxi y pide que le lleven a Claudio Coello. ‘¿A qué altura de la calle le dejo?’”. Este es de Casandra Vera: "ETA impulsó una política contra los coches oficiales combinada con un programa espacial". ¿Alguien ve alguna diferencia entre los cuatro chistes?

La Audiencia Nacional, sí. Para justificar su sentencia, arguye “una actitud irrespetuosa y humillante que encaja dentro del delito de humillación a las víctimas”. Podríamos decir que el tribunal aplica en su tesis aquello de que la libertad de expresión de la tuitera terminó cuando empezó la de la víctima. Resulta que la nieta del primer español en llegar a la Luna (perdón) escribió una carta que dejó con el culo al aire a la Audiencia Nacional y a su concepto de justicia. En el escrito califica como “disparate” que alguien pueda ir a la cárcel por unos chistes y pide la absolución de la tuitera. "Me asusta una sociedad en la que la libertad de expresión, por lamentable que sea, pueda acarrear penas de prisión”, afirma. Es decir, que la Audiencia Nacional obliga a la familia de Carrero Blanco a sentirse humillada, aunque no lo sienta así.

Este caso es la continuación al que ocurrió el año pasado tras el tuit de Guillermo Zapata, concejal de Ahora Madrid, sobre Irene Villa. El chiste es el siguiente: "Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcàsser para que no vaya Irene Villa a por repuestos". En este caso, la víctima del chiste también exculpó a Zapata por cuya defensa Irene Villa fue tildada de traidora. La Audiencia Nacional absolvió al político porque se trataba, dijo, de humor negro y que este tipo de humor tiende a las exageraciones.

Unos meses después, el mismo tribunal cree que Cassandra Vera enaltece el terrorismo con sus chistes sobre un tipo del que se llevan haciendo chistes desde el mismo momento que puso rumbo al espacio (perdón, otra vez). Hay algo que la Audiencia Nacional y los que están a favor de esta sentencia no saben: un chiste está escrito en clave de humor, da igual si es inteligente, satírico, negro, amarillo o con poco fuste. No hay odio en un chiste. Sólo humor. Con o sin gracia. Eso ya depende del consumidor. En cualquier caso, un chiste sólo enaltece las ganas o no de reír.

Y una reflexión: qué diríamos los españoles si esta sentencia se produce en, no sé, Venezuela. O Estados Unidos. Marruecos. Rusia. Elijan un país que les resulte poco ejemplar en estos asuntos. Seguro que más de uno pondría a España como paradigma de democracia porque-estas-cosas-aquí-no-pasan-, oiga. La realidad es que esta sentencia es más propia de un sistema totalitario que de una democracia. Y ha pasado en España. En la España de 1973 pero 44 años después.