Lara Daz
Profesora de Hatha Yoga y quiromasajista

Vibraciones sanadoras

La primera vez que tuve contacto directo con un Gong fue durante mi retiro en Vélez Málaga, donde estaba adquiriendo los conocimientos necesarios para poder ser profesora de yoga. Uno de los días, los profesores nos tumbaron boca arriba y nos dijeron que nos pusiéramos lo más cómodos posible. Obedientes, mis compañeros y yo cogimos esterillas y mantas y nos construimos cómodas camas improvisadas para pasar en ellas los siguientes sesenta minutos. La sesión comenzó muy suave. El tambor de olas y el palo de lluvia me empujaban a un agradable estado de relajación. Y así, otros instrumentos conseguían que cada vez el cuerpo se fuera soltando más y la mente se despejará progresivamente de pensamientos. Finalmente, cuando estabas entrando en un estado de profunda relajación dos suntuosos gongs, uno de ellos situado en la parte frontal de la sala y otro en la parte de atrás, comenzaron a vibrar. A los pocos minutos esta suave vibración comenzó a agudizarse y se transformó en un sonido muy potente y en unas ondas vibratorias que mi cuerpo se resistía a tolerar. La agradable relajación a la que había sido inducida se estaba tornando en una situación que me incomodaba. En varias ocasiones pensé en darme la vuelta y tumbarme boca abajo porque me estaba resultando algo desagradable la experiencia. Para que os hagáis una idea, era como si un avión pasase por encima de mí cada tres minutos. En ese momento, no pude entregarme a la experiencia y, más bien, me resistía a ella. Aun así, vinieron a mi cabeza recuerdos de la infancia que, desde entonces, no había vuelto a recordar.

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Enganchados al sufrimiento

A cualquier persona que le preguntemos qué es lo que desea en esta vida, seguramente, su respuesta será que su mayor anhelo es ser feliz. Eso es lo que intentamos lograr la mayoría de los humanos en nuestro día a día. El fallo es que buscamos esa felicidad fuera de nosotros. Pensamos que cuando tengamos un buen trabajo seremos felices. Cuando lo logramos hay algo que nos dice que no es suficiente y, entonces, nos planteamos que seriamos felices con una pareja que nos quiera y complemente. Al paso del tiempo la pareja tampoco te llena hasta el extremo de sentirte realmente realizado y buscas otro objetivo que podría llenar ese vacío que sientes en tu interior. Y así pasan los días, los meses, los años y la vida. Buscando sin llegar a conseguir esa auténtica felicidad de la que hablamos. Y esa felicidad no llega porque en el otro lado está el sufrimiento. Se podría decir que nos hemos convertido en adictos al sufrimiento. Nos identificamos con el sufrimiento y con todas las experiencias pasadas que nos hicieron pasarlo mal. Nos quedamos colgados del pasado porque si lo dejamos marchar, si soltamos ese pasado, nos quedamos desnudos en un presente en el que no sabríamos quienes somos. Creemos que somos todo lo vivido, que somos personas separadas de todo lo demás y necesitamos tomar el control de nosotros y de las circunstancias que nos rodean para mantenernos a salvo y con nuestra identidad intacta. Los pensamientos son los que te empujan a tener ese control: algo malo va a pasar, si no actuó de esta manera habrá consecuencias… un pensamiento no puede tener el control de cómo se plantea la auténtica realidad. Ni siquiera tú puedes tener el control de tu propia mente. No puedes detener el torrente de pensamientos. Por lo tanto, un pensamiento no puede controlar la realidad. Si controlases tus pensamientos y la realidad elegirías vivir una vida plena, desbordante de paz y felicidad. ¿Puedes conseguirlo? Si es no, tu ego no tiene el control sobre nada de lo que te rodea. Solo lo tiene sobre ti. Y ese es el principio del sufrimiento. Sería interesante que descubrieras que tú no eres el ego. Eres quien observa al ego, a los pensamientos y al deseo de tenerlo todo bajo control.

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Desmontando el pasado

En el anterior artículo os hablé del ego. Esa voz interior que no para de charlatanear y que no es más que un estado alterado de la conciencia que nos empuja a separarnos de todo lo que nos rodea y nos anima a ponernos adjetivos y calificativos. Además, le encanta ofenderse y frustrarse hundiéndote una y otra vez en pozos oscuros que te hacen sentir incapaz de realizar cualquier tarea por simple que parezca. También te puede empujar a una piscina sin agua pegándote un buen tortazo. Todo ese sentido del yo no es más que una idea que te has creado en tu mente. Si te sientas durante solo diez segundos dejando que la mente se aquiete lo que sucede es que tú dejas de existir como individuo separado del resto y te darás cuenta de que el pasado desaparece. El pasado, aunque haya tenido lugar hace un minuto, ya no existe en el presente y nunca volverá. El pasado solo regresa cuando lo traemos a este momento en forma de pensamiento o imagen. Pero eso no es el pasado. Simplemente es una recreación de lo que sucedió, no es el pasado real aunque, incluso, lleguemos a creer que sigue existiendo.

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Identificando al ego

Cada día comienzo las clases de yoga animando a mis alumnos, y a mí misma, a que traigan la atención al momento presente. Esto es fundamental para sacarle el mayor jugo posible a nuestra práctica. De nada serviría que nuestro cuerpo esté presente, no le queda más remedio, y nuestra mente esté deambulando del pasado al futuro sin rumbo ni sentido. Es cierto que esta tarea es la más complicada a pesar de que la mayoría de la gente piensa que el mayor handicap es su poca flexibilidad.

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Mudras: gestos que sanan

Un mudra es una posición o un gesto que se realiza con las manos en las religiones budista o hindú. Cada una de esas posiciones tiene una simbología o significado.

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El poder de los mantras

Los mantras son oraciones cortas de origen budista e hindú y los empleamos a menudo durante la meditación y la práctica de yoga para alcanzar estados superiores de conciencia.

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Del mindfulness al hygge pasando por el lagom

En una sociedad como la nuestra, es imprescindible poder encontrar un ratito al día para desconectar del trabajo, de las prisas y de los quehaceres diarios para simplemente centrarnos en nosotros. Es primordial apagar el piloto automático que llevamos todo el día conectado y ser conscientes del momento presente.

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Un chakra, una energa

Los chakras, como ya expliqué en el anterior artículo, son centros energéticos dispuestos en forma vertical en la parte anterior de la columna vertebral. Ahora, vamos a conocer las cualidades propias de cada uno de esos siete chakras.

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Los chakras, esos rganos sensoriales no materiales

La mayoría de las personas piensan que solo existe el cuerpo físico como única realidad ya que es lo único que se puede percibir a través de los sentidos. Sin embargo, al ojo clarividente hay un sinfín de estructuras energéticas llenas de formas y colores tanto dentro como alrededor del cuerpo material.

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