18/06/2016

Conociendo la disciplina yóguica

Tal y como comenté en mi anterior artículo, hace cerca de dos años lo dejé todo y decidí formarme como profesora de yoga. Hasta la fecha, había practicado de forma irregular y desconocía por completo la filosofía yóguica. Fue en mi retiro cuando me adentré en este conocimiento de una forma más profunda.

La mayoría de la gente entiende por yoga el realizar una serie de estiramientos durante una hora y media que dura la clase; para otros el yoga es sinónimo de relajación. Efectivamente, durante una sesión de yoga se realizan estiramientos y hay periodos de relajación pero no nos podemos quedar en eso porque eso no es yoga.

El yoga busca la unión entre la mente y el cuerpo físico. Es más importante el estar en conexión con tu respiración, con tu silencio interior y con tu cuerpo que cualquier postura o ásana que puedas realizar durante la clase. El yoga trasciende lo físico para ir hacia adentro. Busca el auto cultivo para alcanzar el equilibrio interno y externo.

Haré un inciso para comentaros que antes de tomar la decisión de dedicarme a esta disciplina, llevaba mucho tiempo rechazando, de forma natural, la ingesta de animales. Es decir, veía en el plato una sardina y era incapaz de comérmela. Veía un trozo de carne y se me hacía cuesta arriba el poder ingerirlo. Nunca lo forcé, era mi cuerpo el que lo rechazaba. Así, hasta que un día decidí no forzar más y, desde entonces, soy vegetariana. Comento todo esto porque al adentrarme en la filosofía yóguica descubrí que se aconseja llevar una vida de no violencia. Y esta no violencia va de la mano con el no consumo de animales. Este sería uno de los ocho pasos (yamas) que hay que seguir para purificar el cuerpo y la mente y poder alcanzar “la iluminación”.

El primero de los pasos, como acabo de comentar, se denomina ‘yama’ y establece las acciones que los yoguis deben evitar. Aquí encontramos la no violencia y el vivir una vida con honestidad.

El segundo paso es ‘niyama’ y aquí se detallan las acciones que un yogui debe de llevar a cabo. Aconseja la higiene interna y externa, el contentamiento, la auto-disciplina y el estudio de escrituras espirituales. Conjuntamente, yama y niyama constituyen un código moral de conducta consiguiendo una mente más clara y positiva, dispuesta a una meditación profunda.

El tercer paso son las ‘ásanas’, es decir, las posturas físicas que se realizan durante una práctica de yoga y que preparan al cuerpo para las posturas meditativas.

El siguiente paso es el ‘pranayama’ o ejercicios de respiración, encaminados a controlar el prana (energía vital).

El quinto paso se denomina, pratyahara’, aquí se enseña cómo lograr, a través de las ásanas y pranayamas, la abstracción de los sentidos enfocándote solo en tu interior.

El siguiente paso es ‘dharana’, es la concentracción. Ser capaz de enfocar tu atención en un objeto real o imaginario para excluir todos los demás pensamientos. Ésta es la pieza clave de las técnicas de meditación yóguicas.

El sexto paso conduce a ‘dhyana’, la meditación.

Y como paso final está ‘samadhi’, se produce sin esfuerzo alguno cuando, durante la meditación, la mente deja de funcionar y aparece la conciencia absoluta.

Por todo esto, es importante saber que yoga no es realizar la secuencia del “saludo al sol” pensando en que después me voy a tomar una caña con mis amigos. Yoga trasciende lo físico y mental para llegar a conectar con tu verdadera esencia.