29/07/2018

Vibraciones sanadoras

La primera vez que tuve contacto directo con un Gong fue durante mi retiro en Vélez Málaga, donde estaba adquiriendo los conocimientos necesarios para poder ser profesora de yoga. Uno de los días, los profesores nos tumbaron boca arriba y nos dijeron que nos pusiéramos lo más cómodos posible. Obedientes, mis compañeros y yo cogimos esterillas y mantas y nos construimos cómodas camas improvisadas para pasar en ellas los siguientes sesenta minutos. La sesión comenzó muy suave. El tambor de olas y el palo de lluvia me empujaban a un agradable estado de relajación. Y así, otros instrumentos conseguían que cada vez el cuerpo se fuera soltando más y la mente se despejará progresivamente de pensamientos. Finalmente, cuando estabas entrando en un estado de profunda relajación dos suntuosos gongs, uno de ellos situado en la parte frontal de la sala y otro en la parte de atrás, comenzaron a vibrar. A los pocos minutos esta suave vibración comenzó a agudizarse y se transformó en un sonido muy potente y en unas ondas vibratorias que mi cuerpo se resistía a tolerar. La agradable relajación a la que había sido inducida se estaba tornando en una situación que me incomodaba. En varias ocasiones pensé en darme la vuelta y tumbarme boca abajo porque me estaba resultando algo desagradable la experiencia. Para que os hagáis una idea, era como si un avión pasase por encima de mí cada tres minutos. En ese momento, no pude entregarme a la experiencia y, más bien, me resistía a ella. Aun así, vinieron a mi cabeza recuerdos de la infancia que, desde entonces, no había vuelto a recordar.

A partir de esta primera toma de contacto, que a pesar de resultarme muy potente me había dejado con ganas de más, he vuelto a tener la ocasión de  disfrutar de varios baños de gongs y, cada uno de ellos, han sido diferentes  y enriquecedores. Tanto es así que, hace unos meses, adquirí uno y mis sesiones de yoga las cierro con su sonido ancestral.

Y es que el gong es un instrumento intervibracional que emite el sonido de la creación. Hay un dicho que cuenta que quien toca el gong toca el universo. En palabras de Yogi Bhajan, “si meditas en el sonido primordial, verás lo nunca visto, oirás lo nunca oído y sentirás lo que nunca sentiste”.

La curación a través del sonido ha sido utilizada por el ser humano desde épocas muy antiguas. Y el sonido, junto con la vibración que emite un gong, se ha convertido en una herramienta muy útil para alcanzar estados elevados de conciencia, así como para llevar al sistema nervioso a un estado en el que se abren sus conexiones para liberar cualquier bloqueo o trauma que se encuentre encerrado en él.

Después de mi primera experiencia con el gong y al hablar con algunas de mis alumnas, he entendido que el ego es el que se resiste a esas vibraciones sanadoras que emite este poderoso instrumento. Un día, una de mis alumnas me dijo que antes de la relajación se iría de clase porque el sonido del gong le perturbaba mucho y prefería irse antes de pasar un mal rato. Yo le propuse que en lugar de tumbarse boca arriba, lo hiciera sentada o acostada de lado. Así lo hizo y al cabo de unas semanas me confesó que casi se duerme durante la sesión de gong. Si ella hubiese hecho caso a su mente se habría ido de la clase pero decidió vencer el miedo y ahora puede disfrutar de estos sonidos ancestrales. En casos de depresión o ansiedad es muy normal que la mente tome el gong como un ataque y necesite huir de él. La sanación está en tomar consciencia de ello y permitir que tus células bailen en esta vibración sanadora.