09/09/2018

ARMAS BLANCAS

Se encuentra terminando el verano, y con ello se acaba una nueva temporada estival cargada de servicios, tráfico y actuaciones diversas, en las que como cada año se han sacado adelante todas ellas con mucho esfuerzo y tesón, con una plantilla policial joven y experta a la vez, y sobre todo, muy profesional. Aunque ha habido diferentes actuaciones importantes, con lo más significativo, o al menos lo que más me ha llamado la atención de todo el verano, ha sido con el repunte que se ha observado de personas portadoras de armas blancas, de servicios en los que se han detectado cuchillos, navajas, u otros tipos de armas blancas de mayor contundencia por su tamaño. Chicos de corta edad, jóvenes en zonas de marcha, adultos para satisfacer sus rencillas personales, o –lo más normal–  delincuentes habituales que portan las típicas navajas albaceteñas, cuchillos de cocina, y ya en casos más llamativos grandes armas blancas. Sea como fuere, la percepción es que el porte de armas blancas ha vuelto a elevarse, y por lo tanto desde mi punto de vista, el riesgo de que se produzcan lesiones mucho más importantes en caso de algún tipo de riña se incrementan a su vez.

Además, hace unos días, una agente de los Mossos D´Esquadra, se ha tenido que defender del ataque de una persona con un cuchillo, consiguiendo reducirlo usando su arma reglamentaria, falleciendo el atacante como consecuencia de los disparos de la agente en su defensa. Ante este ataque, algunos tertulianos, periódicos o representantes de partidos políticos, han puesto en duda la legítima defensa de la agente, pasando el hecho de ser un atentado terrorista, a como lo denominó un político con pocos escrúpulos, una “ejecución extrajudicial”. La verdad que uno se pone a leer comentarios de este tipo, ver opiniones de personas que no tienen ni idea de las reacciones o medios de los que se dispone policialmente para enfrentarse a un ataque con un arma blanca, y dan ganas de no jugarse lo más mínimo el pescuezo por personas así, y lo peor, la duda se instala en los agentes de las fuerzas y cuerpos y seguridad a la hora de usar el arma de fuego reglamentaria si se viese involucrado en una agresión de esas características.

El poder lesivo de un arma blanca es letal, eso no creo que haya nadie que lo pueda cuestionar, y además la facilidad de conseguirlas –en cualquier casa las tenemos– unido a lo fácil que es camuflarla hace que sea el arma más utilizada para cometer crímenes. Según un estudio de la Universidad de Murcia sobre la criminalidad en el año 2014, el 53% de los crímenes de ese año fueron cometidos por armas blancas, siendo la siguiente arma utilizada la de fuego, con un 15 %. Ello dice mucho del poder de esta arma, por lo que la gente que cuestiona que se use el arma de fuego reglamentaria ante el ataque directo con un cuchillo contra ti, o es un inepto o tiene interés en desprestigiar la función policial, porque el uso del arma reglamentaria es el único elemento de dotación policial que a día de hoy puede detener a una persona que te ataque de esa forma, y se cumpliría, siempre que el ataque sea de forma clara y contundente como parece ser, los tres principios que existen en la legislación española para su uso, como son los de congruencia, oportunidad y proporcionalidad, siempre que “…exista un riesgo racionalmente grave para su vida, su integridad física o las de terceras personas…”, como determina la Ley Orgánica 2/86 sobre Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Congruencia significa que se use el medio más adecuado a cada situación que se tenga. Es decir, la dotación normal policial de la mayoría de policías en España es la del arma de fuego reglamentaria y la defensa policial –la porra, para entendernos–, por lo que ante un ataque con un cuchillo de cocina, pongamos de unos 25 centímetros de hoja, debemos elegir si repeler el ataque con una porra o con el arma de fuego, teniendo en cuenta que no puedes huir, que sería uno de los principales consejos de cualquier buena escuela de defensa personal a cualquier ciudadano normal. Pues mientras no se dote a los agentes policiales de la tan reclamada por parte de la mayoría de cuerpos policiales defensa eléctrica, la cual puede inmovilizar al agresor a distancia sin ser letal para el atacante, el único arma que puede ser fiable para proteger la vida de uno es su arma de fuego reglamentaria, y siempre que el ataque se haga a una distancia mínima que permita un tiempo de reacción suficiente al agente, que según diversos estudios establece que si te atacan a una distancia de 7 metros tendrás una mínima oportunidad de sacar el arma y disparar, pero siempre que hayas practicado el desenfunde, montaje y disparo del arma, porque si no has entrenado mucho, amplía bastante esa distancia, porque será complicado que no recibas el filo de la hoja en tu cuerpo.

Como oportunidad se entiende que la acción que se vaya a hacer por parte del agente, sea imprescindible y no se provoque un mal mayor que el que se trata de evitar. Por lo tanto, si te atacan con un cuchillo, con el arma que más crímenes se perpetran, y además, existe una clara intención de matarte, disparar a una persona para protegerte es lo más oportuno que puedes hacer. Y por último proporcionalidad, o principio de intervención mínima, que no es otra cosa que la fuerza o el medio empleado por el agente deberá ser el mínimo posible para controlar a la persona, teniendo la obligación de causar la menor lesividad posible, intentando seleccionar partes no vitales y siendo la respuesta gradual y apropiada a cada situación.

En este último principio, en el de intervención mínima, es donde siempre se produce la polémica, ya que se presupone que el agente siempre debe disparar a zonas no vitales, para frenar al atacante sin ocasionarle la muerte. Lo que debe determinar un juez en varias semanas, tras escuchar a todos los peritos, forenses y abogados con las distintas teorías sobre los hechos, el agente debe de resolverlo en unos segundos, viéndose obligado a realizar un disparo instintivo, el cual por inercia y de forma innata, en la mayoría de ocasiones se realizará al tronco.

Con independencia que exista un proceso judicial que investigue la muerte de este individuo, me avergüenza escuchar y leer a personas que sin saber qué ha sucedido se atreven a poner en duda en un primer momento la versión de las fuerzas de seguridad, en vez de atacar como se merece a una persona que ha llevado a cabo una acción de esa magnitud, sean por los motivos que sean, juzgando públicamente si el uso del arma de fuego ha sido proporcional ante la acometida de un cuchillo. Posiblemente en vez de dudar de la capacidad de la agente para contrarrestar el ataque, deberían de plantearse políticos, periodistas o altos mandos de las fuerzas y cuerpos de seguridad con más motivos aún, si las armas de dotación policial son las correctas para evitar un desenlace de ese tipo, en vez de usar otras no letales que tienen la fuerza suficiente para detener a una persona así, y que en cambio a los jefes, que suelen ser los que no están patrullando o lidiando con los problemas de la calle, o a los políticos, les cuesta ponerlos a disposición de sus plantillas.

La realidad dice que lo normal es que haya muy pocas sentencias condenatorias a un agente por usar su arma reglamentaria contra ataques directo con armas blancas, porque se suelen dar los tres principios básicos citados, pero el miedo que se tiene por parte de muchos compañeros a usarla –entre ellos me incluyo– hace que se dude, y esa duda en muchas ocasiones puede significar que el agente salga perdiendo. Esa duda puede significar una vida entera, tu sufrimiento y el de tus seres queridos, sin embargo esa duda te la instala en la mente las manifestaciones de algunos políticos, las opiniones de algunos medios de comunicación, la actitud percibida en ocasiones por parte de algunos estamentos judiciales cuando uno va a juicio como agente, y lo peor, por las enseñanzas que te dan hasta en la propia academia policial desde que entras y la mentalidad de algunos jefes de policía.

En el 2015, Juan Cadenas, compañero de la Policía Local de Puerto Serrano (Cádiz) sufrió la pérdida de un ojo por culpa de no responder como la compañera de los Mossos D´Esquadra ante un ataque con arma blanca por parte de unos desgraciados. Un año después hizo una entrevista para el periódico “El Español” en el que explica las sensaciones que tiene hoy en día, cómo la duda a usar el arma ha destrozado su vida y cómo reaccionaría si le sucediera lo mismo en la actualidad. Ni él ni su compañero usaron el arma por miedo a qué pasaría, por, como dijo su compañero en el juicio, “No meterse en un marrón”, y hoy aunque lo pueden contar, tienen sus vidas destrozadas. Ved el vídeo, poneos en su piel, y sin duda pensaréis que la agente de Mossos D´Esquadra hizo lo que debía. Aquí tenéis el vídeo:   https://www.youtube.com/watch?v=EHqJxd5neWg .