27/10/2018

GUARDIA CIVIL

Se que hay muchos miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, que no consideran compañeros a los agentes de otros cuerpos, pero para mí, con independencia de que cobremos del mismo lugar, diferente cantidad, o que tengamos funciones diferentes, son compañeros todos aquellos que trabajamos en el mismo gremio, la seguridad, y que al final, cuando nos vemos envueltos en un lío a las dos de la mañana, nos apoyamos en ellos y ellos en nosotros, porque somos los únicos que estamos en ese momento luchando codo con codo para que la convivencia y la seguridad ciudadana se mantenga, y porque cuando nos piden apoyo estaremos ahí, sin duda alguna, lo más rápido posible. Por ello, el 15 de octubre, cuando leí la noticia de un Guardia Civil muerto a manos de un delincuente habitual en la zona de Granada, no pude sino pensar en que un compañero, uno más, había sido asesinado en acto de servicio, porque se cruzó con un mal nacido que venía de robar en el interior de una establecimiento, con un coche robado, quien tras mantener un forcejeo le consiguió arrebatar el arma y dispararle.

Tres días antes de estos hechos, me encontraba celebrando la patrona de la Guardia Civil, la Virgen del Pilar, en uno de sus cuarteles de la provincia de Alicante, invitado por un familiar, y en mi interior pensaba que tenía mucho mérito sacar adelante un servicio policial mucho más que honroso con la escasez de medios de que disponen, y me dije que en agradecimiento a esa invitación, y sobre todo por bastantes compañeros con los que compartimos momentos buenos y malos en la calle, iba a escribir sobre este cuerpo policial, creado en 1844 por el Duque de Ahumada. La desgracia que ocurrió tres días después, no viene sino a ratificar la necesidad de apoyar sus reclamaciones y solidarizarse con la necesidad de una mejor en sus condiciones laborales.

Desde el pasado año, y sobre todo con la problemática catalana, se han subido al carro de la equiparación salarial entre las policías estatales y las autonómicas más de un partido político, no debiendo de haber esperado tanto tiempo para hacer pública y necesaria dicha demanda, porque la diferencia de salarios siempre ha sido muy elevada, existiendo en muchas ocasiones medias cercanas a los 6000€ anuales, tanto respecto a las autonómicas, las policías locales, así como también entre los propios cuerpos estatales existen diferencias salariales en los agentes de la escala básica. No se puede más que apoyar estas peticiones, pero además existen muchas otras reclamaciones históricas que son tanto o más necesarias que las otras, tanto para mejorar sus condiciones laborales como para mejorar la prestación de servicios al ciudadano, que al final es lo que debe primar a la hora de trabajar, y que son subsanadas por la profesionalidad de muchos de los guardias que día a día hacen su labor, que no por los medios de los que les dota la administración.

Este trabajo tiene sus riesgos, muchos, de eso no cabe duda, sin embargo, corresponde a la administración intentar dotar a sus trabajadores de los medios necesarios para minimizar esos riesgos al máximo, y si uno viera los recursos con los que un Guardia Civil, de un cuartel rural cualquiera, desempeña su trabajo, se podría plantear que lo raro es que no se den más circunstancias como la desgracia ocurrida en Granada. Es vergonzoso que en pleno siglo XXI tengan la carencia de medios profesionales que tienen, y que deban de lidiar situaciones peligrosas en condiciones de auténtica inseguridad laboral. Vehículos que podrían disfrutar de catalogación de históricos si se midiera por los kilómetros que llevan encima, emisora única para patrullas bipersonales, chalecos antibalas de tallas distintas a las suyas, carencia de funda antihurto para el arma, todo ello son sólo pequeños ejemplos del material que tienen en un cuartel de una zona rural normal, en la que no hayan grupos especiales, que suelen estar mejor dotados.

Si analizamos algunas de estas carencias de material se puede constatar el peligro real que existe cuando los compañeros salen a la calle. La funda antihurto del arma reglamentaria es algo fundamental en materia de seguridad policial, y sin valorar ni conocer en profundidad los hechos ocurridos en Granada, no tener de dotación esa funda podría haber facilitado enormemente que le quitaran o cayera el arma en el forcejeo y haber desencadenado el terrible final. Aparte, no tener emisoras unipersonales, es decir, se comparte la emisora entre los dos agentes, me parece hasta de risa. Será porque desde que estoy de agente en la Policía Local las hemos tenido, pero el no dotar a un agente de uno de los elementos de comunicaciones esenciales a la hora de pedir apoyo, auxilio, y comunicarse con tu base, hace que el peligro que tiene esa patrulla se eleve de forma exponencial, o que en caso de separarse en una actuación, uno de los compañeros, el que no porta la emisora, se encuentre vendido en caso de verse en peligro.

Aparte de esta dotación irrisoria hoy en día, se debería de conocer la carencia de personal que existe para el gran terreno que tienen a su cargo –el 80 % del territorio español–, que hace que sea complicadísimo un trabajo normal, como desean ellos sin duda, en el que la seguridad, tanto para el ciudadano como para ellos mismos, esté presente, y a cambio tengan que trabajar con la inseguridad de ir a servicios una sola pareja, en los que si todo va bien no hay problema, pero si algo va mal están vendidos ante lo que se encuentren. Una de las principales reivindicaciones en las que se debería insistir por parte de las asociaciones de Guardia Civil, de la Federación de Municipios, de las Comunidades Autónomas de mayor ámbito rural, sería sin duda ampliar la plantilla de Guardia Civil y dotarlos de medios más eficaces y acordes a los tiempos que vivimos.

Lo que se ve en el programa de televisión “Policías en acción”, la publicidad que se dan a las macrorredadas de grupos de delincuentes, los videos del Ministerio del Interior con los grupos de intervención de Guardia Civil, los controles del GAR que ves en televisión, no es la realidad de la gran mayoría de Guardia Civiles que hay en España. La realidad es que, como el compañero fallecido, envíen a la pareja a la intersección de dos carreteras, en una zona rural, a ver si pasan los delincuentes que han robado en el pueblo de al lado, o en su caso, que los manden a la vivienda, situada a 30 ó 40 kilómetros de donde se encuentran en ese momento, porque ha saltado una alarma de atraco en una vivienda. La realidad es que esos compañeros estén muy solos, y que su pareja más próxima esté a una media hora de camino, por lo que si les llega un coche con cuatro personas, cuatro malos de los de verdad, están perdidos y esperando que les llegue un apoyo de sus compañeros o de otro cuerpo policial, el cual, desgraciadamente puede tardar más de lo deseado para evitar situaciones de autentico riesgo.

La Guardia Civil necesita una modernización de material, de personal, y además de condiciones laborales, tanto las económicas citadas anteriormente, como las propias de cualquier trabajador. Como cuerpo de carácter militar, y aunque en los últimos años se haya dado cierta “libertad” a ese poder de control sobre este cuerpo, la realidad es que siguen sin poder sindicarse libremente, sin poder reclamar como cualquier trabajador sus derechos laborales, permitiéndose por parte del estado desde el año 2007 recurrir a asociaciones profesionales para poder reclamar con cierta oficialidad sus reclamaciones, siendo esta particularidad también diferente al resto de fuerzas y cuerpos de seguridad que si pueden sindicarse.

Existen muchas otras limitaciones en la Guardia Civil que hacen que se corra el riesgo de caer en el desánimo, la apatía o el pasotismo, conllevando que cada vez las bajas psicológicas sean más frecuentes, que la relación con los mandos y el carácter militar del cuerpo sea complicado de llevar en el día a día, y que al final cunda el desaliento para desempeñar el trabajo que un día se eligió por vocación.

Mi apoyo a todos esos compañeros que luchan porque todo cambie en la Guardia Civil, a todos los que se han quedado en el camino por situaciones evitables desde el punto de vista de la seguridad laboral. Puedo entender, que no compartir, al político que al hablarle de todo esto sólo vea los euros que hay gastarse para resolverlo, pero no entiendo ni entenderé a los grandes mandos policiales que no hacen lo posible para que los trabajadores que están bajo su mando no tengan las condiciones tan lamentables que a veces se dan, y me consta que, desgraciadamente, muchos mandos de alto rango velan más por sus intereses que por el de sus subordinados.

Por todo ello, no cabe otra cosa mas que apoyar las reivindicaciones de los miles de guardias civiles que cada día salen a patrullar en su puesto rural, a solucionar los problemas de millones de ciudadanos, y que para hacerlo deberían de disponer de unos recursos materiales y humanos acordes al siglo en el que vivimos, que haga de la Guardia Civil un cuerpo moderno y efectivo, y que el riesgo implícito que lleva su profesión, nunca exento en nuestro trabajo, se minimice como consecuencia de una mayor y mejor dotación policial, siendo el mayor beneficiado al final el ciudadano, quien recogerá los frutos de una mejor atención, una mayor efectividad y una rápida respuesta en los servicios.