10/06/2019

De la Virgen de los Dolores al quinto Beatle

Hace cuatro años Mari Carmen Moreno pedía una oportunidad. Lo hizo después de ganar unas elecciones europeas en 2004 cuando era una veinteañera; por entonces los más sabiondos avisaban que por detrás venía empujando una joven socialista con alma de khaleesi pero sin el pelo dorado. Yo la bauticé ‘supernanny’. El próximo sábado, 15 años después, volverá a ser alcaldesa por aplastamiento y con el respaldo de casi ocho mil aguileños.

Hace ocho años, en su primer intento a la alcaldía, perdió bajo el nefasto lema “¿Conoces a Mari Carmen?”. Así que en 2015, como decía, pidió una oportunidad. Su demanda era trasversal y convocó a cualquier vecino de cualquier ideología o simpatía política a sumarse al cambio. Aquella campaña electoral, al contrario que la de 2011, fue todo un acierto. Presentó a la aspirante como un ser divino, una figura etérea y mesiánica o la reencarnación de la mismísima Virgen de los Dolores, o eso veía yo, que tomaba el cuerpo de esta mujer para bajar a su pueblo, redimirlo y conducirlo por el buen camino. Cada mitin era un sermón de la montaña. Sus dotes de líder, la energía en sus arengas y ese cierto destello nigromántico que posee la convirtieron en un animal político desbocado y seductor, imposible de detectar para la lógica. La magia no está sujeta a ningún análisis. Su proyección, además, no vislumbra ideologías: hubiera ganado aunque presentara candidatura con un partido independiente. Alguien dijo una vez que la gente famosa es más interesante.

En esta legislatura que ya acaba prometió abrir las puertas del Ayuntamiento para el pueblo. El trato directo con la gente la ha hecho humana hasta convertirse en una estrella del pop. Mari Carmen Moreno es un icono del pop, trasciende a su gestión como alcaldesa o como líder de su partido. Si alguno de los muchos artistas aguileños se curra una camiseta original con su cara, hará negocio. Podemos discutir si lo ha hecho bien o mal, cuales han sido sus aciertos y cuales sus errores en estos cuatro años. Da igual, la fe no escruta rendimientos. Ella sabe perfectamente en qué ha acertado y dónde ha cometido errores y lo admite porque no hay más acto de humildad que pedir perdón cuando lo tienes todo. Por eso Moreno representa al éxito. 

Ha llegado a colocar al PSOE en números de los años 80 cuando socialismo, democracia y progreso eran sinónimos. Ha arrasado con napalm en todas las mesas electorales, incluso en donde históricamente había una derrota garantizada. Ha conseguido el 53% de los votos en la era de los ‘multipartidos’ y ha derribado el mito de que alguien con estudios jamás podría gobernar en Águilas. Ha conectado con el pueblo, con ‘su’ pueblo y lo ha convencido para que se una a su causa, que es Águilas. Pocas cosas hay más aguileñas que Mari Carmen Moreno: el pueblo ha parido a su alcaldesa.

La imagen que proyecta va más allá de lo tangible. Es la primera vez que veo a un primer edil tener grupis, otrora devotos y ahora fans. Vecinos que la paran por la calle para saludarla y besarla con la misma admiración del fan que consigue un autógrafo de su ídolo. Corear su nombre después de depositar el voto o adorarla por las redes sociales no son reacciones típicas hacia un político. El exceso de halago hasta convertirlo en idolatría no es algo que vea a menudo en la política, un mundo lleno de desconfianzas. Pero ella es profeta en su tierra. Es el reflejo del pueblo y el pueblo se ve deslumbrante en sus brillantes gafas de sol.

Pase lo que pase en estos cuatro años, Mari Carmen Moreno quedará como una buena alcaldesa, alguien cercana a su pueblo. Lo que tiene por delante en estos cuatro años -verá enfrente una oposición más organizada y combativa, liderada por mi también admirada Eva- es saber si se queda en eso, en un buen recuerdo para el ciudadano, o pasa a la historia como el primer titular que por fin transformó y modernizó la ciudad y la proyectó hacia el futuro. Entonces su historia se escribirá con tinta de oro.