28/06/2019

EL FENÓMENO ACTUAL DEL JUEGO

Hace unos años empezaron a montarse un nuevo tipo de establecimientos que apenas existían con anterioridad, a no ser que fuera en las grandes ciudades y que actualmente se ha desatado, existiendo en cada rincón de nuestras ciudades, lo que ha hecho que lo que al principio parecía la excepción en una ciudad, sea lo normal en prácticamente cada barrio. Además, los últimos días hemos asistido a una nueva trama de corrupción en el deporte por apuestas ilegales, que no viene sino a incidir en la intervención que el boom de las apuestas está teniendo en toda España. Desconozco a nivel internacional cómo está regulada esta materia, pero observando los datos globales está claro que las apuestas online, así como los nuevos establecimientos de apuestas que se han asentado en las ciudades, deberán de regularse con una legislación más estricta.

Los salones de juego, que incluyen el nuevo sector de las apuestas, han proliferado en todos los municipios, y Águilas es un ejemplo de ello. Según datos de la Consejería de Presidencia de la Región de Murcia, en 2018 había 330 salones de juego abiertos en nuestra comunidad, siendo la cuarta autonomía con más establecimientos de este tipo de toda España, si bien es la décima por población, por lo que pone a la región a la cabeza de salones de juego por habitante de toda España. Para que se hagan una idea suponen unos 60 menos que toda Madrid, solo que ellos tienen 5 millones más de habitantes. Por ello, lo que al principio era novedad se ha convertido en problema, como cualquier exceso, y esta actividad va a necesitar una fuerte revisión para que no se descontrole todo lo que conllevan este tipo de establecimientos. Porque parece que el concepto peyorativo de “jugarse las perras” no es lo mismo en este tipo de establecimientos, y realmente no es así, habiéndose normalizado la excepción hasta hace poco.

Cada vez son más jóvenes los clientes que tienen este tipo de locales, y cada vez a los menores les pica más la curiosidad para entrar en ellos, estando muchos de ellos esperando cumplir los 18 para entrar a apostar, eso siempre y cuando no lo hagan siendo menores de edad, ya que las medidas de control a veces no son muy estrictas. Ello unido a una legislación particular en cada comunidad autónoma, que deja abierta la posibilidad de poner estos establecimientos junto a centros educativos, hacen que los menores tengan muy presente la idea de acercarse a apostar. Aunque, si es fácil entrar a estos locales, lo fácil de verdad es entrar por Internet al mundo de las apuestas virtuales. Según un estudio realizado por la Dirección General de Salud Pública y Adicciones, que dependen de la Consejería de Salud de la Región de Murcia, más del 7% de los jóvenes afirma haber jugado con dinero en Internet, principalmente en apuestas deportivas, que serían unos 4500 jóvenes, y un 11,7% decidió no contestar a esa pregunta, por tanto se consideraban susceptibles de haber jugado. Ese estudio se realizó sobre una muestra de 64.000 niños, de edades comprendidas entre los 14 y 17 años (https://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2019/02/08/problema-salas-juegos-apuestas/995137.html). Hasta dentro de unos años no veremos las consecuencias de este boom, pero teniendo en cuenta que el 36% de los adictos al juego en España se inician en su juventud, espero equivocarme pero, en unos años podremos observar los efectos y consecuencias de todo ello.

Cada año que pasa es mayor la cantidad de dinero que se mueve en ese mundo, sin duda motivado por la mayor introducción que tienen en nuestra sociedad este tipo de locales, la publicidad de las marcas de apuestas, y nuevas generaciones que van entrando y que ven normalizada dicha actividad. Se calcula que en España, en el año 2017, en las apuestas online nos gastamos 5.555 millones de euros, y en los salones de apuestas 1.670 millones, lo que supone casi el 20% del total de dinero gastado en juegos de azar, subiendo exponencialmente desde el año 2012 hasta nuestros días los ingresos hasta casi triplicar actualmente las ganancias de hace 7 años. Todas estas cifras dan a entender la importancia que este negocio ha adquirido, aportando en sólo en España, unos beneficios a las empresas de unos 750 millones de euros al año. Observando estas cantidades no resulta extraño ver anuncios de marcas de apuestas en grandes eventos, o con grandes deportistas y famosos que son ejemplo de las generaciones jóvenes, ya que saben que lo van a rentabilizar fácil y además están creando escuela para el futuro.

Hace unos días vi un cartel por las calles de Águilas pidiendo que quitaran los salones de apuestas de nuestros barrios. No se quién ha colocado ese tipo de carteles, ni si es un particular o algún tipo de asociación, aunque imagino que sea quien sea, una de sus principales finalidades será la de luchar contra la ludopatía, ya que tras el incremento desorbitado de una actividad tan delicada como el juego están todas aquellas personas que dejan parte de sus sueldos en este, y tras ello aparece la triste realidad en muchas de esas personas y la gran debilidad del ser humano, la adicción. La ludopatía consiste en una alteración progresiva del comportamiento por la que el individuo siente una incontrolable necesidad de jugar, menospreciando cualquier consecuencia negativa. Es una de las tantas adicciones de las que las personas nos hacemos esclavos, destruyendo tu entorno, tu familia, tus amigos, y sobre todo destruyendo al individuo mentalmente. Además es una adicción que daña lenta y sigilosamente, porque efectos físicos como tal no se observan hasta que los efectos psicológicos te llevan al abatimiento, pero estos últimos destrozan a la persona como individuo, empezando por los cambios de actitud para ocultar la adicción, rompiendo a su familia, a su entorno y cayendo finalmente en la depresión, la ansiedad, el aislamiento social o la apatía.

Mi intención no es decir que el boom de las apuestas online y de los salones de juego vaya a desembocar en una adicción porque se apueste una vez, dos, tres, o cien veces, ni estoy en contra de esa actividad, sin embargo pienso que no hay que caer en el error de menospreciar las posibles consecuencias que puede acarrear a generaciones que actualmente están llegando a ese mundo, que los estados o las comunidades autónomas no pueden legislar de forma suave esta materia pensando únicamente en los beneficios económicos que aporta a estos, así como que se deben poner mayores restricciones a una actividad que hasta hace dos días se consideraba peligrosa, y que actualmente sigue siéndolo aunque nos metan hasta por las orejas a las diferentes marcas. Parece que la administración, en este caso, ha olvidado su obligación de salvaguardar el interés general a cambio del dinero fácil obtenido como consecuencia de los impuestos de estas empresas, pero a veces hay que pensar que aunque los adultos somos libres de elegir, al menos a los jóvenes debíamos de protegerlos de tener la tentación tan a mano.