26/10/2019

DESAPARICIONES

Hace un tiempo, hablando con un familiar, me decía que no podía dejar que su hija fuese sola al colegio. Le pregunté si ella iba sola cuando era pequeña así como por el motivo de dicha actitud, ante lo cual su explicación fue muy clara, el miedo, miedo a que viniera una persona y la secuestrara. Reconozco que en ese momento no la entendía, le decía que casi todos los de nuestra época íbamos andando a nuestros colegios, y al salir de clase nos íbamos solos hasta nuestra casa, parándose en las tiendas los que tenían suerte de disponer de dinero para comprar cromos o alguna golosina. Hoy en día, tras ser padre, entiendo bastante mejor ese pensamiento, pero aun así intento mantener la calma y pensar con cabeza antes de llegar a agobiarme por pensar que puede pasar lo peor.

Hoy en día los medios nos avasallan sobre información de sucesos todos los días, y de vez en cuando nos muestran desapariciones misteriosas, cuyos casos, en numerosas ocasiones acaban de la peor forma posible, convirtiéndose en auténticos espectáculos televisivos. Sin embargo, indagando un poco, hay datos que no ayudan  a mantener la tranquilidad cuando hablamos de desapariciones. En el año 2018 había 12330 personas denunciadas como desaparecidas desde que existen archivos referentes de esto. El número es muy alto, pero también debe hacernos pensar que si hay tal número de desapariciones cómo es posible que conozcamos no más de cinco o seis desapariciones. Piensen cuántos casos de desapariciones conocen o recuerdan y verán como no más de cinco.

Por lo que debemos de preguntarnos por qué se hacen tan poca publicidad a unas desapariciones y tanto a otras. Cuando hay una desaparición se establece una clasificación por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad, pudiendo ser voluntaria, involuntaria, forzosa o accidental, o bien de menor emigrante no acompañado (MENA), siendo este último dato relevante estadísticamente, ya que de los 9737 menores desaparecidos en 2018, 5084 son de denuncias de centros de internamiento de inmigrantes, por desapariciones en su mayoría voluntarias. De todos los tipos que existen, las más preocupantes por el peligro que conllevan para la víctima son las involuntarias, que suelen ser como consecuencia de enfermedad mental, las accidentales, que suelen suceder en casos de actividades deportivas, senderismo, excursiones, o las forzosas, que están relacionadas con algún tipo de delito.

Todas las especificadas son preocupantes, pues en todas corre el riesgo la vida del desaparecido, pero es en la forzosa donde los medios de comunicación de verdad tienen el filón. Dentro de este tipo existen diversos hechos que influyen a la hora de que los periodistas se fijen en ellos, habiendo determinadas víctimas diferentes en cobertura mediática. Son muchos los factores que tienen relevancia a la hora de informar los medios: El momento de la desaparición, la edad, el sexo, el tipo de familia, la importancia de la víctima, la participación de los familiares, el previsible final del caso, todos ellos son factores relevantes a la hora de que los medios fijen sus cámaras en un caso determinado.

Uno de los casos más mediáticos fue el tristemente conocido de Diana Quer cuyo final todo el mundo conoce. Prácticamente en la misma fecha desapareció un chico en Pontevedra Iván Durante, y sin embargo a él nadie lo conoce o recuerda. El final de este fue el mismo, la muerte, aunque por suicidio, sin delito que mediara en el hecho. La familia intentó infructuosamente que le dieran al menos la misma cobertura mediática y medios de búsqueda que el caso de Diana, y sin embargo no fue así, apareciendo después de 6 meses en una zona boscosa a 5 minutos del pueblo donde vivía, lo que da que pensar que con unos mejores medios de búsqueda habría aparecido al poco tiempo, con o sin vida, eso nunca lo sabremos, pero la desesperación de esa familia habría acabado antes.

El dolor de las familias es el mismo, el final previsible de muchos de ellos desgraciadamente es el mismo, sin embargo no todos los casos despiertan el mismo interés, y sin ese mismo interés tampoco se generan los mismos medios para su búsqueda, una cosa va unida a la otra casi siempre. Para la búsqueda de Blanca Fernández Ochoa se montó el dispositivo de búsqueda más grande de la historia de la comunidad de Madrid, con unos 300 profesionales y unos 100 profesionales, todo ello con un despliegue de medios impresionante. En agosto del pasado año desapareció, en el pueblo de Mula, Alberto Hernández, que previsiblemente se marchó también a una zona de monte, si bien los equipos de búsqueda fueron mucho más limitados que el caso anterior, y para su familia, como no podía ser de otra forma, existe un agravio comparativo entre los equipos de búsqueda utilizados para uno y otro caso.

La disponibilidad de medios materiales y personales no es igual para unos y otros casos, ya que el poder mediático de cada caso influye hasta para que los políticos, los altos mandos policiales se involucren en este tipo de casos. Entiendo que se diferencie a la hora de establecer búsquedas respecto a si es mayor o menor de edad, si existen síntomas de criminalidad o no, pero es, cuanto menos, muy duro ver que un hijo ha desaparecido en las mismas condiciones que otra persona, y ver como a tu pequeño, al que viste crecer en tu regazo, no le prestan ni por asomo la misma atención que otro por el simple hecho de que su caso resulte más morboso o sea más conocido.

Hubo una época, con el famoso programa “Quién sabe dónde” de Paco Lobatón, que las desapariciones adquirieron gran importancia de forma generalizada, individualizando ciertos casos, pero dándole la publicidad que merecían todos ellos. Hoy en día asociaciones como SOSDESAPARECIDOS o QSDGLOBAL intentan mantener la esperanza de familias desesperadas, agobiadas cada noche al ir a dormir por no saber dónde se encuentran las personas con las que han compartido tantos momentos, aportando su granito de arena para encontrarlos y siendo un instrumento fundamental para ayudar a la propagación de información sobre buscados en las redes sociales.

Así que si algún familiar desaparece no dudéis en denunciarlo lo más rápido posible y olvidaos del típico cuento de las 24 horas, coged una foto reciente y mandadla a estas asociaciones, y sobre todo difundidlo todo lo posible en redes sociales y medios de comunicación, porque lo más importante en estos casos será llegar al mayor número de personas en el menor tiempo posible.