16/11/2019

Vox es el nuevo punk

Vox y Abascal han conseguido lo que nadie hasta ahora: unir en dos días a la izquierda. Después de malgastar varios meses, despilfarrar dinero público en campañas electorales, perder siete diputados y medio millón de votos y protagonizar un bochornoso espectáculo televisado, ahora parece (tampoco descorcharía aun el champán) que la izquierda española se va a poner de acuerdo en un proyecto común gracias a un enemigo común. El miedo ha podido con la desconfianza. Donde antes había insomnio, ahora hay abrazos. Cuando antes la conversación acababa en insulto, ahora se cierra con una firma. El coco viene, un monstruo verde ha salido del Mar Menor y no es pequeño, y las amistades peligrosas de hace unos meses se han convertido en matrimonios de conveniencia. En las caras de estreñimiento ahora se dibujan sonrisas. Esto, principalmente, es la política: una farsa que unas veces nos entretiene y otras, como está pasando ahora, nos etiqueta, nos crispa y nos divide. Pero hasta la vergüenza ajena tiene un límite y a PSOE y a Podemos les conviene de dejar de hacer el ridículo. O a Sánchez y a Iglesias, en concreto. También a ERC, que primero tumbó unos presupuestos eminentemente sociales y favorables a Cataluña para luego rasgarse las vestiduras por la riña entre sus dos primos mayores. Y por si esto no fuera suficiente, parió la abuela y con Errejón y su Frente Popular de Judea terminó de formarse el tinglado.

Así que la izquierda debe agradecer a Vox todo lo que ha hecho para que se pueda formar, ahora sí, un gobierno progresista. No hagan excesivo caso de la indignación que gente de izquierdas manifiesta estos días porque por ‘lo bajini’ se mueren de risa de que Vox haya fracturado a la derecha y al mismo tiempo haya movilizado a la izquierda, incluso después de una repetición electoral innecesaria.

El agradecimiento, por cierto, debe ser conmutativo porque Vox se ha alimentado de la izquierda gracias a su impostado discurso cursi, su poco disimulada superioridad moral, su censora corrección política y su acomplejamiento por todo lo que huela a nacional. Por supuesto que Cataluña y la gestión de su crisis ha polarizado el discurso hasta el extremo. Y sacar a Franco del Valle de los Caídos en plena campaña electoral ha sido un bistec en manos de un hambriento náufrago. Pero, y aquí me detengo, hay que mirar a la derecha también para explicar lo que está pasando en los últimos meses. El PP ha comprado y copiado el relato de Vox, salvo honrosas excepciones como Nuñez Feijoó y Ana Pastor. Y lo que es más sorprendente, Ciudadanos también. No seré yo quien critique el pacto andaluz, casi necesario después de 40 años de socialismo, pero un partido supuestamente regeneracionista y de centro no puede copiar esa fórmula en Murcia y Castilla y León porque luego pasa lo que pasa. Cuando no distingues entre tres colores al final tiras por el más puro y de pureza Vox va sobrado.

Pero de lo que más se ha alimentado Abascal es del cansancio de la sociedad por la política. La gente está cabreada con el sistema y lo más anti sistema que hay ahora es Vox, cuyo mensaje no sólo va dirigido a las viejecitas del barrio de Salamanca, a los melancólicos franquistas o a los fans de Paquito el Chocolatero: también al obrero agotado de un sistema que siente que no le defiende. Es el voto del cabreo y, o el resto de partidos espabila, o ha venido para quedarse.

No estoy justificando ni blanqueando a Vox. Me parece como una mala borrachera y la resaca la pagamos todos pero, a veces, una buena cogorza es necesaria para evadir la realidad. Muchos se preguntan por qué gente normal vota a Vox, demonizándolos por ello, y hay que tener empatía con muchas de estas personas, víctimas de una crisis social prolongada y cuyo Estado no les ofrece las respuestas que demandan. Son personas que votaron a los socialistas, luego al PP y terminaron por confiar en Podemos. Ninguno les solucionó la vida. Son jóvenes sin muchas perspectivas de futuro y que la crisis en Cataluña ha sido la última pica para derramar toda su frustración. Muchas de estas personas saben que los inmigrantes no tienen más ayudas que ellos, distinguen la violencia machista y hablan de Franco como un antihéroe de cómic. Esta muchachada ve al caudillo como un derrotado por los mismos que ahora no les ofrecen un futuro esperanzador. A Vox lo han votado más de tres millones y medio de personas, no todas van a ser fachas, machistas y homófobos. Lo que sí tienen en común es que están cabreados y Vox canaliza mejor que nadie esta frustración. Vox es el nuevo punk. Se lo explico en una fórmula: 2008= crisis. // Miedo e incertidumbre. // PSOE + PP= Corrupción // Cs + UP= regeneración fallida // Decepción, Frustración y hartazgo // + Cataluña. // Solución radical= Vox.

Los partidos tradicionales primero se burlaron de ellos, como si fueran frikis. Ahora los temen y se auto victimizan. Lo mismo pasó con Trump. La democracia, los derechos sociales y el bienestar colectivo se defienden desde las instituciones. Que no le echen la culpa a Vox.