04/10/2016

La Boda Roja

Mientras diecisiete miembros de la ejecutiva socialista dimitían al unísono, trabajadores del partido llamaban telefónicamente, al mismo tiempo y posiblemente en la misma sede de la calle Ferraz, avisando a sus afiliados que se prepararan para un inminente congreso. Lo hacían con toda la normalidad del mundo, como si en la planta noble de la sede no hubiera un incendio de dimensiones colosales, ni en la calle un enjambre de periodistas y de afiliados que ya no se moverían en toda la semana de allí. Se ha tratado hasta última hora de dar normalidad a una guerra que ha estallado públicamente, convirtiéndose el partido más antiguo español en un Gran Hermano, con sus nominaciones, expulsiones, lamentos, insultos y gritos.

Lo que pasó el sábado en el Comité Federal es el final de una catarsis necesaria en un partido que deberá nuevamente refundarse si quiere volver al poder. Rodaron cabezas, se desparramó sangre y se dijeron cosas muy feas, todo retransmitido minuto a minuto en un carrusel mediático como en una jornada de liga. A esta situación bochornosa se llega por dos motivos, uno de largo alcance, internacional, casi filosófico; y otro presente, local y estratégico.

Desde hace más de dos décadas, la socialdemocracia ha ido perdiendo terreno en la vieja Europa a favor del neoliberalismo. La caída del muro de Berlín o la entrada del euro son dos puntos de inflexión en el trasvase de poder de la izquierda a la derecha. En España, esto se recrudece el día que Zapatero pliega ante las exigencias de la canciller Ángela Merkel. Desde entonces, el PSOE se ha quedado sin mensaje ideológico y sin respuesta a la crisis.

¿El PSOE es de izquierdas? ¿Se pueden aplicar políticas de izquierdas en un sistema de recortes y ajustes en el déficit? Estas preguntas no las ha sabido responder un partido que, en España y en Europa, creó el ahora marchitado Estado del Bienestar pero que se ve fuera de la actual partida. El neoliberalismo ha tomado los mandos de Europa. El mercado con sus abusos, la odiada troika, el IBEX y los especulativos mercados bursátiles, en definitiva, los poderes fácticos, han obligado a los partidos socialdemócratas a acatar las políticas neoliberales de la derecha como salida a la crisis. De ahí que surjan partidos por la izquierda, como Podemos o Syriza, que dan al menos una respuesta y un mensaje inequívoco de izquierdas.

A esto hay que añadir, como decía, un problema local. Los llamados barones, incluida Susana Díaz, han derrocado a Pedro Sánchez por las bravas no vaya a ser que no se abstuviera y no ceda el gobierno a Rajoy. Es una decisión contra natura pero estratégicamente la más aseada. Unas terceras elecciones serían terribles para los socialistas. Y un hipotético gobierno con Podemos como socio es algo que las viejas legiones del partido no estaban dispuestas a asumir porque piensan, y con mucha razón, que para ganar al PP, primero hay que eliminar a Podemos. Mientras se libre la batalla por el liderazgo de la izquierda, el Partido Popular gobernará el país.

En este tinglado, la prensa financiada por el IBEX (incluido El País, otrora de izquierdas) ha sido el instrumento para presionar al PSOE, creando en la sociedad la idea de que España está parada por su culpa, cuando lo cierto es que en la legislatura anterior los socialistas llegaron a un acuerdo con Ciudadanos y ni PP ni Podemos se abstuvieron para favorecer dicha investidura. Ahora, en la misma situación, se ha presionado al PSOE a que tenga un acto de generosidad y se humille aún más ideológicamente favoreciendo un gobierno, no sólo de derechas, si no de Mariano Rajoy.