10/05/2020

La canción del tren blindado, un himno de la Guerra Civil dedicado a los invencibles trenes que se fabricaron en Águilas

No cabe duda de que la guerra civil es el periodo histórico de mayor producción de la historiografía española, resultando el más polémico por su carácter social y político, siendo un episodio que no se ha superado. Ha sido abordado desde diversas perspectivas. La propaganda ocupará un lugar destacado como se aprecia con el desarrollo por ambos lados de carteles, con eslóganes que han quedado para la historia como “No Pasarán” o “Arriba España” o de himnos revolucionarios como “A las Barricadas”, “El Puente de los Franceses”, “En el Pozo de María Luisa” o “!Ay Carmela!”. Entre todos hay uno “El tren blindado”, que relata las acciones de un tren que guardaría relación directa con el pueblo de Águilas.

La idea de aplicar material blindado a un tren nació  a mediados del siglo XIX, pero hubo que esperar hasta las guerras coloniales inglesas (1899) para ver los primeros trenes blindados, aunque ya en la guerra de secesión americana (1861-1865) y en el conflicto franco-prusiano (1870-1871) se pudieron ver algunos intentos para proteger los frágiles convoyes donde viajaban las tropas, usándose para cubrirlos materiales diversos (madera, sacos de arena), siendo defendidos por ametralladoras y fusiles. Los rusos hicieron un amplio uso de los trenes blindados durante la guerra civil, entre el ejército rojo bolchevique y el blanco zarista (1917-1922). Alemania también se esforzó en el blindaje de los trenes durante la I Guerra Mundial, con la finalidad de cubrir sus líneas de abastecimiento en los territorios de Polonia y el este de Rusia. Los soviéticos los utilizaron sobre todo para las ofensivas y en algunas defensas como es el caso de Tsaritsyn (Stalingrado). Estos trenes ya contaban con un armamento más eficaz, cañones de 6 pulgadas, ametralladoras y un blindaje compuesto por chapas de acero. Según fueron evolucionando otras armas como la aviación y los carros de combate, los trenes blindados fueron armados con cañones antiaéreos y con anti-tanques.

Los trenes blindados ya fueron utilizados en la Península durante la revolución de Asturias, en octubre de 1934. Las columnas revolucionarias que marcharon sobre Oviedo lo hicieron acompañadas de una locomotora del Ferrocarril Vasco-Asturiano y dos vagones blindados, aunque de forma más bien improvisada con planchas de acero de poco espesor, donde practicaron aspilleras para poder disparar los rifles. Desde el principio de la guerra civil, el ferrocarril desempeño una función esencial en el transporte de tropas y mercancías. Los diversos comités de obreros que se hicieron cargo de la gestión de las compañías ferroviarias en la zona no ocupada, empezaron a blindar locomotoras y vagones con planchas de acero y armamento para destinarlas al frente. El bando republicano sería el único que utilizará los trenes blindados, pero sin alcanzar la sofisticación de alemanes y soviéticos por la escasez de recursos.

Los talleres de la compañía ferroviaria de Baza a Lorca en Águilas fueron unos de los elegidos para hacer la trasformación de vagones, por encontrarse en la retaguardia. Cuando estalló la guerra pasó a ser controlado por el Sindicato Nacional Ferroviario de la UGT, siendo elegido nuevo director José Antonio Moreno Ruiz, inspector de Vías y Obras José Salas Cotillas y de Inspector de Movimiento Rosendo Díaz Gálvez. En ese momento trabajaban en los talleres unas seiscientas personas. La Subsecretaria de Armamento, en principio, le encomendó la fabricación de bombas de 12 kilos para aviación, haciéndose por la maquinaria disponible series semanales de trescientas unidades. Estas eran embaladas y llevadas en camiones al Arsenal de Cartagena donde se completaban interiormente. Los trabajos de material bélico en los talleres eran dirigidos con asesoramiento del Capitán M. L´Empereur, ingeniero francés veterano de la primera Guerra Mundial, experto en artillería y blindados. Pronto comenzarán con bombas de 100 kilos y de 500 kilos. La adquisición de una maquinaria permitirá, además, fabricar vainas de proyectiles de artillería ligera de calibre 6,5 cm, 7,5 cm y de 10 cm. Los meses siguientes, los talleres se especializarán en Artillería sobre Vía Férrea (AVF). Esta consistirá en la instalación en vagones tipo góndola de piezas de artillería naval de gran calibre como el cañón Ordoñez HSE de 210 mm y el Obús A.c de 240 mm, desarrollando sistemas para el movimiento y la absorción del retroceso de las piezas. El motivo de los bombardeos de Águilas por la aviación nacional será la construcción de este armamento que convertirán al pueblo en objetivo militar.

No obstante, lo más destacado que se hizo fueron los trenes blindados. En total serían dos los trenes blindados en Águilas que recibieron los nombres de destacados antifascistas: “Thaelmann” o TB.7 y “Matteotti” o TB.8.  Están considerados los mejores de los construidos en España, alcanzando una rápida notoriedad porque su blindaje fue superior al de todos sus antecesores. Lo que hacía diferente es que no era remolcado, sino empujado Para la cabeza se utilizaron los dos únicos tractores diésel que había en España, el T.M. 201 de 210 C.V con motor Busmeister Wain y el T.M. 202 de 200 C.V con motor Deutsche Werke, ambos con transmisión mecánica pertenecientes a la línea M.Z.A. La elección se debió a la ausencia de humos que hacía más difícil ser detectadas por el enemigo.

Por orden del Comité de Ferrocarriles, los maquinistas Alfonso Burgos López y José Ceballos Barrios, que se encontraban haciendo servicio de maniobras del TM 201 en Aranjuez, partieron el día 2 de enero de 1937 hacia los talleres de Águilas donde se realizó su blindaje para la tracción del ejército republicano. Los trabajos duraron casi un mes y consistieron en la instalación de doble chapa de acero forjado relleno de hormigón. El vagón que se utilizó era de tipo tolva, conocido en Águilas como “Yanquis”, usados para la descarga de mineral en el Hornillo, que se montaran unidos por lo que se denominaron “Mellizos”.                                                  

La locomotora pesaba un total de 300 toneladas. Estaba formada por el tractor y tres vagones góndola tipo Q.Q y una vagoneta. El primer vagón era empujado por el tractor, disponía de una tronera frontal para ametralladoras y estaba armado por dos cañones de 75.mm, uno en cada extremo y ocho fusiles y ametralladoras en la zona central. El segundo vagón iba remolcado, tenía una torre giratoria y cañón Nordenfelt de 57mm en el techo. Estaba armado con cuatro ametralladoras con las que podía barrer a ambos lados de la vía y veintiséis troneras desde donde se podía hacer fuego con armas ligeras. Estos dos vagones eran el núcleo principal del tren blindado. Las pruebas de la artillería se harán disparando contra la isla del Fraile, provocándole una enorme hendidura que cambia su silueta. El tercer vagón era una plataforma de dos ejes sobre la que se podía instalar un cañón antiaéreo para la protección del convoy de la aviación o bien un tanque ligero. En último lugar iba la locomotora empujando el convoy. Unas planchas metálicas hacían de rampa para poder descender y operar en las inmediaciones. Cuando el tren tenía que adentrarse en territorio enemigo, se añadía a la cabeza de la composición una vagoneta o zorrilla protectora de dos ejes, cargada con un gran bloque de hormigón en forma de cuña con un peso de 15 toneladas. La finalidad que tenía era hacer estallar las posibles minas que hubieran colocado los enemigos en las vías. En el vagón central se encontraba el mando, compuesto por un capitán y dos tenientes. La dotación era de veinticinco hombres procedentes de Madrid. Estos llegarán a formar un equipo, jugando un partido de fútbol en el mes de mayo contra el Grupo Deportivo Aguileño, venciendo los locales por cinco tantos a cero. La comunicación con la cabina era a través de una manivela con la que accionaba en el tractor una luz verde para avanzar y roja para retirada. También había un teléfono. Los maquinistas del T.B.7 fueron Alfonso Burgos López y José Ceballos Barrios y del T.B.8 Eusebio Castellón Pelegrín.

Destacaba el camuflaje realizado en estos trenes, tanto por la pintura exterior, como por la simulación en el techo de una vía férrea, pintado un falso balasto, traviesas y unas vigas como carriles, los cuales se lijaban diariamente para que relucieran y confundir a la aviación. Incluso para mayor blindaje se colocaron en el techo unas planchas metálicas de la báscula de pesar vagones de una estación.

Los trenes TB.7 y TB. 8 fueron enviados a la zona de Córdoba y Badajoz respectivamente. El primero será destinado a Villanueva de la Serena (línea Madrid- Badajoz), punto de resistencia republicano en Badajoz. Estuvo en la ofensiva sobre el Tajo, uno de los principales frentes de batalla en aquel momento, por donde las tropas nacionales intentaban avanzar hacia Madrid, luego en Pozoblanco y después en los ataques a Torrehermoso-Azuaga, donde de nada sirvió su presencia para mantener las líneas republicanas. Mientras, el T.B.8 será enviado a Valsequillo (línea Almorchon- Belmez). Este lo bombardearon en el recorrido a La Granjuela, resultando herido por la metralla el maquinista Alfonso Burgos; el teniente Huete y tres milicianos resultaron muertos al ser alcanzados por un obús. El maquinista José Ceballos fue relevado por Abundio Satue Millán. Destacó su participación en la batalla de Peñarroya, donde el ejército republicano lanzará una ofensiva en septiembre de 1937. El tren se internó más allá de la Estación de La Granjuela, en territorio franquista, y tras resistir un intenso ataque de 630 proyectiles fue capaz de completar su misión y volver a la base de Almorchón sin daños. Una comunicación informó de la acción realizada. 

Parte Telefónico de Novedades del Capitán del Tren Blindado n°. 8 al jefe del III Batallón de la Brigada de Trenes Blindados, de 2 de septiembre del 37.

- ¿Ha tenido usted muchas bajas?

Ninguna.

- ¿Desperfectos en el Tren?

Ninguno, dos cortes de vía, rápidamente reparados.

- ¿Pero les han tirado?

Seiscientos treinta cañonazos.

- Vamos, soy yo el jefe de esa batería y me pego un tiro.

La prensa republicana recogerá la noticia sobre la heroicidad que habían cometido

Justicia Social 6/9/1937

Los combates de ayer que se disputan en la Sierra de Tejonera fueron violentísimos, puesto que los facciosos han acumulado grandes contingentes de tropas y mucho material, Nuestra artillería y hombres comportáronse formidablemente. Un tren blindado leal, ha actuado ametrallado al enemigo. La sierra fue coronada por nuestras valientes fuerzas, sufriendo el enemigo cuantiosas bajas

A finales de 1937, el Estado Mayor ordenó el traslado de los trenes a Levante. El TB.8 se trasladó en abril de 1938 a la línea de Valencia-Tarragona, donde participó en operaciones de apoyo a infantería, retrocediendo con el resto del ejército popular en la ofensiva de Levante. Uno de los vagones será alcanzado por el proyectil de un tanque, quedando dos milicianos muertos que dejaron al llegar a Burriana. También fue atacado en Sagunto, en julio de 1938, pereciendo dos soldados. Intervino en la batalla de Villareal, donde después de una hora de intenso fuego, el mando ordenó retroceder hasta la estación de Tortosa y volar el puente. En noviembre de 1938 participó en una contraofensiva, en los alrededores de Nules. Posteriormente se dirige al frente catalán, quedándose cerca de Villanueva y Geltru (línea Tarragona- Barcelona) en el interior del túnel número 87. Al final de la guerra es abandonado por sus ocupantes en la estación de Valencia.

El TB7 también estará en la ofensiva de Levante, donde será atacado por varios cazas. Al recibir numerosos impactos, fue llevado a una estación cercana. El maquinista Eusebio Castellón de Águilas regresó a su pueblo donde murió a los pocos días. Atravesará el puente de Tortosa antes de su voladura, quedando estacionado en el territorio norte de la República, en la estación Amposta- Aldea, a 13 kilómetros de Tortosa (línea Valencia- Tarragona). Por la noche llevaba munición y víveres a las tropas republicanas que estaban atrincheradas a la orilla izquierda del Ebro. Durante tres meses aguantó los continuos ataques de las tropas franquistas, sin apenas daños. Finalmente, tras acabar la batalla, pasó la frontera con Francia por miedo a represalias donde quedo hasta el final de la guerra.

Los trenes blindados republicanos quedaron envueltos en una aureola de invencibilidad por las acciones que desarrollaron, especialmente por los numerosos testimonios que hacían aumentar su celebridad. El prestigio llegó a alcanzar proporciones legendarias, incluso quedará dentro del cancionero popular español. Usando la canción popular de “Los Contrabandista de Ronda” recopilada por Federico García Lorca se compuso una copla conocida como “El pino verde” o “Anda Jaleo” sobre las andanzas del tren blindado que acababa con la vida de los tres generales sublevados contra el Gobierno. Habrá varias versiones, siendo la más conocida la siguiente:

“Yo me subí a un pino verde/por ver si Franco llegaba/y sólo vi un tren blindado/lo bien que tiroteaba.
Anda jaleo, jaleo, jaleo, /silba la locomotora/y Franco se va a paseo/y Franco se va a paseo.
Por tierras altas de Burgos/anda Mola sublevado, /ya veremos cómo corre/cuando llegue el tren blindado.
Anda jaleo, jaleo, jaleo, /silba la locomotora/y Mola se va a paseo/y Mola se va a paseo.
Yo me fui en el tren blindado/camino de Andalucía/y vi que Queipo de Llano/al verlo retrocedía

Los trenes blindados serán después de la guerra mandados a Águilas, donde permanecerán hasta su desguace, quedando el mito indeleble de las hazañas cometidas en las misiones que participaron en las páginas de la historia bélica española.