13/09/2020

BULOS

El COVID, además de problemas sanitarios, económicos o sociales, también ha propiciado el desarrollo de algo tan viejo como el ser humano, los bulos. La RAE define los bulos como “Noticias falsas propaladas con algún fin”, teniendo este fin, normalmente, la intención de perjudicar a alguien. Y esta locura de situación actual, unido a la fácil propagación actual auspiciada por las redes sociales, ha propiciado la proliferación de bulos.

Históricamente, el bulo podría considerarse como el rumor propagado por algún grupo o persona con una intención determinada, y el boca a boca se encargaba de hacer el resto, propagándolo como la pólvora. Estos rumores, bien o mal intencionados, al final afectaban a una persona y normalmente le perjudicaban personal o socialmente. Con la llegada de la era electrónica, las redes sociales y los medios digitales han hecho que estos rumores se hayan magnificado, estando apoyados por sectores económicos o políticos y pudiendo llegar a cualquier rincón del mundo en unos minutos, radicando en esto último su gran poder, ya que su difusión puede llegar a millones de personas en un segundo, pudiendo de esta forma desprestigiar a una persona, grupo social, empresa, partido político, etc., en un abrir y cerrar de ojos y desde casa, con un simple teclado de ordenador o móvil.

Actualmente, el bulo se ha convertido en un arma de influencia geopolítica, donde las propias agencias de inteligencia han visto el filón para desestabilizar estados y áreas económicas, comprobando la importancia geoestratégica que la difusión de bulos puede llegar a tener en materia política.

Con el confinamiento se ha incrementado el nivel de información, y con ello se han aumentado proporcionalmente la cantidad de bulos en las redes sociales, adquiriendo tal nivel de importancia que se ha llegado incluso a valorar la posibilidad de ilegalizar los bulos, teniendo esto último también mucho de información con sesgo político. Actualmente, el bulo en si no está penado, si bien hay delitos que son compatibles con el bulo, siempre que este último produzca un perjuicio determinado en personas físicas, jurídicas o grupos sociales especialmente vulnerables.

Por ello, la difusión de una noticia falsa en la que se impute un delito a otra persona, sabiendo que no es verdad o con manifiesto desprecio de la verdad sería delito de calumnias, castigado con penas de hasta dos años de prisión. Igualmente, la propagación de noticias en las que se lesione la dignidad de otra persona también se castigaría como injurias, conllevando penas de hasta 14 meses de multa. Así mismo, difundir manifestaciones o noticias falsas que supongan fomentar, promover o incitar al odio o la violencia contra grupos o personas por motivos racistas, referentes a la ideología, la religión, creencias, o bien por pertenecer a una etnia, raza, nacionalidad, sexo, orientación sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad, puede suponer un delito de incitación al odio, que incluiría penas de prisión hasta 4 años.

Realmente, éstos y otros delitos (desórdenes públicos, contra la salud pública, intrusismo, revelación de secretos, etc…) son los que podrían producirse en el caso de propagar un bulo, si bien, no es el bulo en si lo que se castiga sino la información difundida, cuando esta se realiza con la intención de perjudicar a una persona, grupo o paz social, o bien cuando, sin tener esa intención, produce esas consecuencias. Así que cuando se dice que el bulo tiene que penalizarse, realmente también se dice sabiendo que ello no tiene recorrido penal posible, ya que decir una noticia falsa no puede convertirse en delito, entrando además ello en conflicto con la libertad de expresión.

La educación o la cultura, son factores que facilitan la lucha contra los bulos, si bien, no es un factor determinante a la hora de la propagación de los mismos. Hasta el más pintado nos hemos creído bulos, montajes de imágenes, vídeos o noticias, en las que se dicen noticias falsas y que buscan desprestigiar a una empresa, persona o partido político. La educación, aunque ayuda, no es sinónimo de no caer en la desinformación de falsas noticias dirigidas a desprestigiar a alguien o algo, cayendo en los bulos hasta medios de comunicación nacionales. Nadie se escapa de la mezcla que actualmente se produce con la explosión de bulos en las redes sociales.

Aunque no seamos nosotros los creadores de los bulos y por lo tanto estaremos exentos de responsabilidad penal, deberíamos de valorar muy bien determinadas noticias antes de ayudar a su propagación, ya que, aunque hay algunas que son difícilmente detectables, la mayoría de estas noticias tienen cierto “tufillo” que te llevan a pensar que pueden ser bulos, debiendo tan solo informarse un poco antes de ayudar en la difusión de información falsa y perjudicial. Una empresa, un alimento, una bebida, un vehículo, un partido político, una situación social o estructural de un país, todo puede ser objeto de bulos dirigidos a perjudicar a estos, y normalmente propagados por grupos económicos, políticos o sociales contrarios a los perjudicados.

Así que, antes de ser cómplice de un bulo, intenta reflexionar la información que recibes, busca la noticia siempre en medios serios, que provengan de grupos mediáticos que no estén fuertemente sesgados, contrasta siempre la información, porque con la propagación de este tipo de noticias sólo se ayuda a la polarización social y a derivar las opiniones de la población hacia los extremos cuando se realizan por parte de organizaciones políticas, o a desestabilizar países cuando son campañas orquestadas por otros estados poderosos, o al desprestigio de un producto o marca de éxito cuando se realizan por parte de empresas rivales, siendo, además difícilmente comprobable la procedencia de estas campañas, ya que una vez que se inicia el recorrido de la noticia en una red social es complicado probar y llegar al origen del bulo.

En la época que no está tocando vivir el control sobre los bulos puede convertirse en esencial para la estabilidad del estado, ya que somos muy influenciables, y lo que antes era un simple rumor que afectaba a una zona determinada y que tenía un recorrido limitado, hoy en día se ha convertido en un arma poderosa capaz de desestabilizar estados, propagar revoluciones o radicalizar la sociedad.

Por ello, no seamos partícipes de la desinformación y no propaguemos noticias que sabemos, o podríamos saber si fuésemos precavidos, que son falsas, ya que esa malintencionada información puede afectarnos a cualquiera de nosotros, de nuestras familias, amigos o trabajos en un momento determinado, sufriendo en nuestras carnes aquello que hemos hecho a otros anteriormente solamente pulsando la tecla de compartir en nuestro teléfono. La prudencia debe ser siempre una virtud, así que se prudente, ya que uno se puede arrepentir de hablar más de la cuenta, pero rara vez de guardar silencio.