24/01/2021

DELINCUENCIA EN TIEMPOS DE COVID

Está claro que la pandemia va a traer nuevos cambios sociales generalizados en todos los ámbitos de la vida, al menos durante un tiempo, y cómo no, una de esas variaciones sociales se va a producir en el ámbito delincuencial, ya que uno de los principales factores a tener en cuenta en la producción del delito son factores sociales, ambientales o espacio-temporales. Por ello, al igual que la pandemia ha abierto un nuevo mundo de posibilidades en el marco laboral, con el teletrabajo, en el mundo criminológico también ha influenciado, de forma que la actividad delictiva ha variado en diferentes materias, aumentando o disminuyendo determinados hechos delictivos. Sin duda, todo lo que estamos viviendo deberá ser estudiado en profundidad desde el punto de vista de las fluctuaciones que se han producido en la criminalidad como consecuencia de la influencia que está teniendo la enfermedad, el confinamiento, el estado de alarma y las limitaciones de derechos que este último lleva consigo.

En primer lugar, y al igual que a nivel personal, laboral o estudiantil, se ha dado un avance importante para la digitalización de la sociedad, lo que conllevó que Interpol estableciera, en su informe del 6 de abril del 2020, como variaciones en la actividad delictiva, todos aquellos relacionados con ciberamenazas, tales como phishing o malwares, las falsificaciones o fraudes relacionados con equipos de protección como mascarillas o EPIs, el incremento de venta de drogas a través de medios tecnológicos o redes sociales, e incluso un aumento de usureros como consecuencia de situaciones económicas complicadas de empresarios o trabajadores. 

Sin embargo, este tipo de delitos contra el patrimonio no se perciben especialmente peligrosos por parte de la sociedad ni crean una sensación de inseguridad ciudadana, como sucede en aquellos delitos patrimoniales que conllevan un contacto directo con el delincuente, con propiedades de la víctima, o aquellos que conllevan cualquier tipo de daño, violencia o intimidación. Según los datos de criminalidad de emitidos por el Ministerio del Interior, estos últimos se han reducido claramente en el segundo trimestre del 2020, durante los meses del confinamiento estricto declarado en el primer estado de alarma establecido como consecuencia de la pandemia, reduciéndose aproximadamente un 50% este tipo de delitos a nivel local, y casi un 30 % en el regional. 

Pero, al igual que sucede con las dietas, ha existido cierto efecto rebote en este tipo de delitos en el municipio, comprobando como en el tercer trimestre ha existido un repunte de los delitos contra el patrimonio, sobre todo en aquellos relacionados con robos con fuerza en establecimientos públicos, habiéndose cometido un 65 % más de este tipo de delitos que en el mismo período en el año 2019. De hecho, y a falta de publicar los datos del último trimestre de 2020 por parte del ministerio, me aventuro a decir que también han sido superados los datos de 2019. Sin duda, los últimos meses del 2020 en el municipio de Águilas han tenido una especial relevancia a nivel delictivo, y ha existido cierto ambiente de inseguridad ciudadana ante los distintos robos con fuerza que se han producido en locales del casco urbano, justificada sin duda alguna, ya que no es ningún secreto la queja de los comerciantes de la zona centro ante los distintos robos que se han producido.

La repercusión que han tenido estos delitos en el municipio, así como en las fuerzas y cuerpos de seguridad ha sido muy importante, porque, que no quepa duda que, al igual que a cualquier obrero o trabajador le gusta ser reconocido por su trabajo, los profesionales de las fuerzas y cuerpos de seguridad son trabajadores que tienen como una de sus principales misiones evitar o frenar cualquier actividad delictiva, y que cuando no hemos podido evitarlo nos vamos a casa con el mal sabor de boca que provoca no conseguir llevar a cabo el trabajo encomendado como hubiésemos deseado. 

Aunque si malo es, policialmente hablando, no poder conseguir atrapar a quien está robando, peor es dar con él, cogerlo in fraganti, conseguir llevar tu trabajo a buen puerto, y sin embargo que ello no se traduzca en retirar a esa persona de la sociedad durante un tiempo, y que al día siguiente ese mismo individuo vuelva a delinquir. Si a ello se une que esas personas están cometiendo sus primeros actos delictivos sin que exista reproche penal inmediato a sus acciones, se está produciendo que se creen nuevos delincuentes, que la sociedad y el propio sistema judicial produzca nuevos delincuentes.

Ese aprendizaje de una... digamos profesión, es lo que se produce cuando son menores los que realizan ese tipo de delitos, y el sistema establecido no interviene con rapidez con estos. Si con el menor se actúa una vez porque es sorprendido en el interior de un local robando, si se atrapa una segunda vez porque lo graban las cámaras del establecimiento, si una tercera vez es detenido porque aparecen sus huellas en un local forzado, y sin embargo este no percibe que exista actuación judicial por sus actos, reproche penal, intervención de los servicios sociales especializados o de cualquier otro medio posible para redirigir su conducta y ayudar en su socialización, el menor aprende que debe de ponerse un pasamontañas, colocarse guantes, rodearse de otros amigos que le ayuden a delinquir para protegerse contra la actuación policial, reuniendo de esta forma un mayor número de nuevos y futuros delincuentes, quienes están aprendiendo la actividad delictiva gracias a la lentitud e ineficacia de los medios que ofrece el sistema.

Al final, si se continúa con esta actitud por parte del sistema o de aquellos que tienen en su mano intervenir, se producirá el cocktail necesario para hacer irrecuperables a una serie de jóvenes que presentan unas características familiares complejas, unos factores sociales facilitadores de la actividad delictiva, así como unos factores psicológicos y biológicos proclives a activar procesos criminógenos. 

Desconozco, y será muy interesante leer posteriores estudios a nivel nacional que se realicen, si existe relación entre todo lo que estamos viviendo actualmente en relación a la pandemia y el aumento de la actividad delictiva por parte de algunos grupos de jóvenes, aunque comparando los datos de criminalidad con otros municipios de la región no se observan datos similares, al menos en los delitos contra el patrimonio citados, por lo que invita a razonar sobre los motivos de dicho incremento y, sobre todo, a estudiar las posibles intervenciones psicosociales sobre estos o su entorno para resocializarlos, porque si ya vamos tarde para canalizar conductas de algunos de ellos, tenemos que hacer lo posible para no perderlos a todos, ya que, si no se consigue integrarlos, lo que ahora es un pequeño ladronzuelo pasará a ser un delincuente en toda regla y, al final, la mayor perjudicada es la propia sociedad y las futuras víctimas de un grupo de zagales a los cuales no se les ha sabido dar lo equiparable socialmente, si lo hubiere, a la “collejica” o tirón de orejas que nos daban en nuestra época nuestros padres, el maestro o el vecino.

Artículo de opinión Fdo. Juan Domingo Guerrero

Foto de archivo InfoÁguilas