Alfonso Soler
Periodista

La nuevieja poltica

Podemos tuvo dos errores de cálculo que desembocaron en unos resultados inesperados. Dieron por contados el millón de votos trasvasados de Izquierda Unida, algo que no sucedió porque, fundamentalmente, los verdes son gente de fuertes e inquebrantables principios, dicho con toda la ironía del mundo. Con ese millón, IU hubiera tocado gobierno por primera vez en su historia pero empiezo a sospechar que son gente que prefiere encabezar una manifestación izando una bandera roja a tomar decisiones en un despacho. Se sienten cómodos en la oposición, reivindicando los derechos de todos y exigiendo responsabilidades a otros tantos, siempre a la contra. Es su hábitat natural, su zona de confort, y no repararon en que si todos hubieran apoyado la candidatura de Unidos Podemos, ahora habría un gobierno de izquierdas con ellos incluidos. En esas cuentas de la lechera también erraron las encuestas, que no previeron la puñalada trapera. Le pidieron a IU que jugara al tikitaka del Barça cuando su estilo está abrazado al cholismo.

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Fracasso: ms fresas que berenjenas

La última semana de campaña, un periódico de Andorra hacía diariamente su particular cesta de la compra donde compraba agua, berenjenas, fresas y naranjas, en referencia a los colores corporativos del PP, Unidos Podemos, PSOE y Ciudadanos. En esa semana está prohibido publicar cualquier encuesta electoral y el rotativo andorrano se las apañó para publicar las suyas sin vulnerar la ley. Tenía su gracia y viene a demostrar que nuestros vecinos del norte han aprendido algo muy español: hecha la ley, hecha la trampa.

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La Gestapillo y el contraespionaje

La filtración de una conversación privada entre el ministerio del Interior, Fernández Díaz, y el jefe de la Oficina Antifraude catalana conspirando contra los partidos independentistas demuestra varias cosas y deja una conclusión:

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El no deb4te

El debate que debía despejar alguna duda se convirtió en un no debate de cuatro bustos parlantes que recitaron lo memorizado de carrerilla, como cuando nos hacían enumerar la lista de los reyes visigodos o la tabla periódica. La deshumanización del debate llegó a provocar que cuando uno hablaba, el resto repasaba apuntes. Lo interesante de un debate es bajar al fango, zafarse con el rival y ganarle con tus armas, no con un recetario escrito por los respectivos asesores. No sucedió, salvo en momentos muy puntuales que cortaron torpemente los moderadores.

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