04/09/2022

El uso del cedazo como rito de adivinación en Águilas

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La fascinación por el conocimiento del destino del ser humano nos ha conducido al ejercicio de la adivinación. En la prehistoria aparece una religión, de tipo chamánica, que realizaba rituales con esta intención, de los que quedan evidencias en pinturas rupestres. Durante la antigüedad, en Babilonia, destacará la astrología como método de conocer el futuro. Las culturas griegas y romanas daban una enorme importancia a los oráculos, destacando las sibilas o profetas. Igualmente, el empleo de augures resultará fundamental ante de las batallas, interpretando el vuelo de las aves que, dependiendo de realizarlo a izquierda o derecha, presagiaran suerte o desgracia. También se descifraba el canto, la manera que comía o las vísceras después de sacrificarla. Los emperadores romanos con la oficialización del cristianismo como religión de estado en el Siglo IV d.c intentarán acabar con las muestras de paganismo.

En la Península Ibérica, en el Siglo VII d.c., durante el Concilio de Toledo se indicaba: "Y porque es opuesto a la virtud de la religión y a todos consta ser supersticioso el pensar ilícitamente de las cosas futuras, y conjeturar los infortunios de los reyes, y proveer para si en lo futuro”. En la edad media continuarán los magos y hechiceros, pese a que serán perseguidos por la inquisición, especialmente la nigromancia o consulta de los espíritus para conocer el futuro. En los siglos XV y XVI, las gitanas adquirirán relevancia a nivel popular de adivinadoras, por la lectura de la buenaventura en las líneas de la mano. La ilustración no acabará con estas supersticiones, habiéndose mantenido hasta el presente la lectura de los posos del café o las cartas.

Entre los diversos sistemas de adivinación debe destacarse la coscinomancia o coskinomancia, que se realizaba con un cedazo de cribar harina. Esta práctica consistía en clavar en el aro de madera que rodea este apero una tijera abierta, representando el símbolo de la cruz. Luego era alzado entre dos muchachas para la consulta, poniendo los dedos índices o corazón en los ojos de las tijeras. El cedazo responde con una afirmación o negación, de tal manera que si el utensilio se mueve nos estará indicando una respuesta afirmativa y si no lo hace, la respuesta se interpreta como un no. Era empleado con motivo de conocer el paradero de objetos perdidos o hurtados y de asuntos amorosos.

Cuando se preguntaba por robos en Águilas se recitaba una invocación de noche con la luz de la luna: 

“Por San Pedro y San Juan                                                                                                               

y  todos los santos del cielo                                                                                                                        

y la corte de la madre celestial                                                                                                                  

el cedazo va a decir                                                                                                                         

si  es verdad que....                                                                                                          

se ha quedado con...”                                                                                                                                                

En cuanto amoríos, en Cartagena, el día de San Juan se decía la siguiente:

“Ciacico dime la verdad                                                                                                                

por la gracia de Dios                                                                                                                                     

y la de San Juan”.

Este rito adivinatorio tiene su origen en la antigua Grecia. El poeta Teócrito, en el Siglo III a.c., señalaba dentro de su obra “Idilios” que para conocer el futuro se consulta a una mujer que ve lo oculto en los giros del cedazo. En la edad moderna, el filósofo Cornelio Agripa en “De Occulta Philosophia libri III“ (1533) decía que el movimiento que se producía era de carácter demoníaco. Otros libros donde aparece descrita esta mancia son “Barten Holyday” (1583) de Johann Weyer  y “Technogamia (1618) que abundaban en esta teoría.  

La característica que presenta esta herramienta como un objeto mágico es por relacionarse por el uso que tenía con los dioses Penates, que eran los espíritus o genios protectores del almacenamiento de las cosechas en el hogar, a los que se les daba culto privado. Estas entidades menores de carácter doméstico se vinculaban al propietario de la casa, como sucede con los duendes que serían su interpretación actual. La vinculación con este objeto puede observarse con el cuento del duende y el cedazo, conocido en todo el Levante. En este, una familia asustada por ocurrir sucesos en la vivienda la abandona. Marchando, de camino, el padre pregunta dónde está el cedazo, por si lo habían olvidado. Una voz, de repente, dijo que lo llevaba. Era el duende, que iba montado encima de la burra.

El uso del cedazo en España como predicción fue introducido por el pueblo gitano entre los Siglos XV-XVI, siendo pronto considerado como algo maligno. La inquisición abrió proceso en 1602 a la hechicera Isabel, de Alicante, por el uso del cedazo. El auto decía que Isabel clavó las tijeras en el cedazo, mientras rezaba unas palabras incomprensibles, invocando que en el caso de que la persona solicitada estuviera por llegar pronto se moviera y de lo contrario se quedara quieto. En Toledo, en 1625, del mismo modo, se abre causa contra Ana Hernández por hacer el sortilegio del cedazo y las tijeras, empezando a dar vueltas este sobre sí mismo. Este mismo procedimiento lo recoge la documentación de la Inquisición en Cartagena, en la misma época. Las denuncias del tribunal de la inquisición recogen, en 1625, en Malagón en Ciudad Real el siguiente sortilegio “San Simón, suerte quiero arcansá-que me digas la berdá- las tijeras agarrás- en er seaso están clavás- personas que reselo boy a nombrar- q'ande el seaso si la sospecha es verdá- San Simón que lo sabe lo declarará- Entro y consiento en er pauto creminá”. Este mismo será recopilado en Murcia por el folclorista Díaz Cassou, a finales del Siglo XIX, entre unos nómadas gitanos.

La superstición no se perderá el Siglo XX en estratos populares, considerándose como un elemento de brujería, teniéndosele por este motivo respeto e incluso temor. El escritor de Cuevas de Almanzora, Álvarez de Sotomayor lo identifica perfectamente de esta manera en “La Enlutaica” (1922). 

Bruja: Cuando a Enriqueta mente/ al ceazo pregunte/ si era pronto el casamiento, dios dos vueltas tan ligeras/ hacia atrás, que me pasmó/ y el ceazo se escapó/ dando un salto las tijeras

Blas: ¿Y eso que dice Tía Bruja”

Bruja: Que es más fácil que un camello/ pueda entrar como un cabello/ por el coso de una aguja/ como decía el Señor/ en su cuento, a que tú/ seas feliz

Hasta los años cuarenta del Siglo XX se conservó en el sureste peninsular esta práctica, habiendo testimonios de ese periodo en Águilas de que mantuvo su importancia de carácter mágico, dando un importante dato acerca de las supersticiones en la población.

 

Artículo del historiador aguileño Pedro Francisco Sánchez Albarracín 

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