20/03/2022

La historia de la Almadraba de Calabardina, un singular arte de pesca de nuestro litoral

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La almadraba (del árabe andalusí almadraba, «lugar donde se golpea o lucha») es un arte de pesca artesanal. Este consiste en instalar un sistema de redes durante los meses de abril a junio para capturar los atunes que cada año se desplazan para reproducirse, cumpliendo su ciclo biológico desde el Círculo Polar Ártico al Mar Mediterráneo buscando su calidez. El atún llega al Estrecho de Gibraltar bien alimentado, con un tamaño idóneo, cuando su carne es más grasa y sabrosa. Los pescadores aprovechan este movimiento migratorio para conducirlos hacia unas redes en forma de embudo donde, una vez reunidos, proceden a su captura. 

El origen de este arte podría estar en los fenicios, quienes preparaban salazones de atún. Lo utilizaban industrialmente, por lo que se supone que debían manejar métodos de pesca evolucionados para capturarlo. No obstante, serían los romanos los que empezaron a instalar las redes de manera parecida a las que usan las almadrabas. Durante la época romana, la pesca será una importante actividad en Águilas por su ubicación. En este sentido, han aparecido numerosos elementos (anzuelos, lanzaderas, agujas) usados en la pesca. La industria de salazón destinada a la eleboracion de la salsa Garum fue del S.III-V d.c. una de las principales actividades de este puerto. Entre las factorias encontradas destaca la de la Isla del Fraile. Las evidencias arqueológicas han datado posibles piletas de época romana en la roca para salar Garum en Cope y la Punta del Cigarro. Lo podría demostrar un documento de 1573 que refiere “antiguos cocones” para salar pescado en las inmediaciones de la Torre de Cope. Igualmente, otro de 1601 habla de que también había en Águilas hechos de “peña antigua”. Por otro lado, una carta al real corregidor de 1552 menciona “antiguos puertos que aún conservan sus muelles en Almazarrón, Cope, Fraile y El Águilas”, demostrando una actividad comercial anterior.

Los árabes no continarán usando las almadrabas por su costumbre de consumir pescado fresco. Habría que esperar a la ocupación castellana para que se recuperaran. La peligrosidad de este litoral durante la Edad Media, al convertirse en una marca fronterica en el Siglo XIII, hará que este se abondone. En los Siglos XV-XVII, las incursiones de piratería berberisca impedirá un poblamiento estable. Lo que sí habrá serán algunas pesqueras en la costa, de pescadores de Mazarrón y Vera, para abastecimiento de Lorca. Los beneficios que se obtenían hará que se levante la Torre de Cope en noviembre de 1573, estableciéndose en el lugar un pequeño núcleo humano. En abril de 1598 Francisco Hernández, natural de Cartagena, pide licencia para armar una pesquera y almadraba de atunes “en las parte que dizén de cope y calabardina”. El número de pescadores era de sesenta, contando con catorce barcos. En 1599 será llamado el cantero Martínez de Saraso para labrar unas piedras donde se salarán los atunes. Los beneficios, pese a las peligrosas incursiones de piratería berberisca, podrán verse pronto, habiendo capturando cinco mil arrobas de atunes que serán llevados a Cartagena y Alicante, sacando con la pesca del bonito setecientos ducados.

En el Siglo XVII, la actividad se reducirá por la presencia constante de piratería norteafricana. La dependencia de la instalación con la Torre de Cope será evidente. El alcaide era quien abastecía de sal a los pescadores, además de cobrarles los derechos de pesca. Igualmente, las artes, al acabar la temporada, se guardaban en sus dependencias. La torre será atacada en agosto de 1602 por el célebre corsario Morato Arráez, llevándose las artes con los pescadores que se habían escondido en su interior para protegerse. El estado de ruina en que quedará la defensa hará que cese de calarse durante cuarenta años. Felipe IV redactará una real previsión, en 1643, concediendo a Lorca la posesión de la almadraba a cambio de 660 ducados que debía pagar en año y medio para la reconstrucción de las torres de Águilas y Cope. Nuevamente, en septiembre de 1650 por perderse la anterior merced, el monarca dictará una fiel copia de la anterior concediendo a Lorca por privilegio la Almadraba cuando se terminaran las torres. Lorca dará en arriendo a Rodrigo de Pol de Cartagena las almadrabas de Cope y Calabardina, en 1659, obligando a poner el dinero necesario para reedificar la destruida torre de Cope. En 1663 se producirá un nuevo arrendamiento de la almadraba a Jacinto Gilberto de Alicante y José Blanquete de Cartagena. Las pesqueras que entonces habían en estas costas eran, según un contrato con el corregimiento de Lorca de 1657, para abastecer a la ciudad de género “Pescado grueso, a saber: lecha, bonytos, pagel, salmonetes. calamares, palometas, obladas, espetones y dentóles. Y pescado menudo: aletría, visol, boga, melba, salpa, gerla, caramel y xorel”. 

Durante el Siglo XVIII encontramos las primeras referencias describiendo la Almadraba de Calabardina. El padre Morote apunta en su monumental obra “Antigüedades blasones de la Ciudad de Lorca de 1741 “Las Almadrabas tiene esta Ciudad en el Mar de Cope, y en el dos sitios muy acomodados para los atunes. Es donación, que por su Real Privilegio, hizo a Lorca el Señor Felipe Quarto. El un sitio es para la pesca de los atunes de venida; cala este maravilloso artificio a la Parte de el Poniente, a la que esta patente la entrada de las redes, para recibir los atunes, que con su natural instinto bienen desde el estrecho, navegando caso tierra a tierra, buscando las corrientes de el Mediterráneo, para desovar en ellas, y mantener su copiosísima especie. Esta guardado este sitio de las tormentas, y corriente de Levante, con el promontorio de Cope. Al opuesto lado, debaxo de el cañón de la dicha Torre, en donde se cala esta maravillosa invención para la pesca de los dichos atunes, que llaman de retorno; porque aviendo ya desovado vuelven, casi por los mismos sitios, surcando las aguas para Poniente. Esta pesca de retorno, se empieza por San Pedro, y permanece por todo el mes de Agosto; y la de avenida, en los primeros de Marzo, hasta últimos de Junio. Regularmente es de mucha utilidad para sus dueños, aunque de crecidos gastos, y muchos peligros”. Luego dice que para la pesca de atunes “Cercan con los Barcos el Copo, en donde están encerrados estos peces, y sacándole con igualdad, hasta cerca de la superficie de las aguas, hazen la presa con unos garfios, reciben los atunes tantas heridas; y es tal la abundancia de sangre que derraman, que se tiñen notablemente todas las aguas de la superficie de ella. En este cabo es singular la diversión por el Golpeadero, o Heridero de los peces, en la guerra, riña, o pendencia, que se ocasiona entre hombres, y peces por la dicha pesca”. Por otro lado el geógrafo Bernardo Espinalt en “Atlante Español” de 1778 escribe “Una legua más arriba, al levante de este Puerto, está el de Cope, en donde tiene la ciudad de Lorca sus Almadrabas, en una grande ensenada, llamada Calavardina: La Pesca que comúnmente se coge, es  Atún, Emperador, Albacoreta, Bonito y Melva: no solo se abastece el Pueblo de ella, si no también otros muchos: De un siglo a esta parte se han pescado en cada año desde cinco hasta nueve mil arrobas de las especies sobredichas”.

La Almadraba la adquirirá en 1800 Juan Labourdete, mediante poder de José Aullón. En 1817, Tomás Carratala hará valer sus derechos como arrendador de la almadraba que habían sido otorgados por orden del Almirantazgo en un litigio con el consistorio lorquino que reclamaba la propiedad de las instalaciones pesqueras. La concesión la obtendrá Ginés Antonio Romero Morales, en 1821 según protocolo, con la condición de entregar a los pescadores Manuel Ballesta y Andrés Hernández de Mazarrón una octava parte de los beneficios al final de temporada. Este contrato no tendría validez en caso de que las autoridades de Marina, por alguna circunstancia, impidiera calar las artes. A mediados del Siglo XIX, el arrendamiento del usufructo se hacía mediante subasta por un periodo de cuatro años pasado después a cuatro. En abril de 1882, José Vidal Egea de Cartagena venderá a Francisco Ruano Soto, por veinte mil pesetas, las embarcaciones con los enseres necesarios para el calamento de la Almadraba de Calabardina. Francisco Ruano Blázquez heredará de su padre, en octubre de 1890, el ciento cincuenta por ciento de la sociedad. Los descendientes mantendrán el usufructo cuando muera en 1904. En diciembre de 1906, Asensio Soto traspasará a Francisco Ambrosio Sánchez el arrendamiento de la almadraba. Mediante subasta lo tomará Melchor Orts Iborra, en 1910. En mayo de 1927, una real orden reconocerá a su viuda Rita Llinares concesionaria. La subasta, que tendrá lugar en 1933, será adjudicada por veinte años improrrogables a Pedro Llinares Zaragoza por un canon de 6.066 pesetas anuales durante el tiempo que lo mantenga.

En la Guerra Civil, los empleados, ante la ausencia del propietario, crearon una colectividad anarquista denominada Industria Pesquera Socializada de Calabardina, nombrando como primer arráez a Antonio Mayor Ballestrín. 

Confederación 15/5/1937

“En Calabardina, Águilas, ha sido socializada la industria pesquera por compañeros pescadores que se niegan a ser explotados en un régimen de intermediarios, revendedores y parásitos, por lo que hacen público, por conocimiento de los compañeros productores agrícolas de esta región, que harían intercambio a base de acuerdos a establecer con otras colectividades qué pudieran ofrecerles garbanzos, arroz, patatas, azúcar, café y ganados, bien reproductores o para sacrificio. Cuantos detalles se consideren necesarios sobre cuantía de Ía pesca diaria, bases de intercambio y transporte, pueden ser solicitados dirigiéndose al compañero Secretario de la industria Pesquera Socializada de Calabardina.—Águllas. Murcia”.

Habrá numerosos beneficios con este modelo. En poco tiempo se dispuso de nueve embarcaciones, artes de pesca y un camión para el trasporte de la mercancía, llegando a residir cien nuevas familias en Calabardina, haciéndose diecinueve viviendas nuevas y una escuela. Cuando terminada la guerra volvió el anterior dueño, Pedro Linares, para retomar el control, pudo comprobar el adecuado funcionamiento que había tenido, estando caladas dos almadrabas nuevas. No se producirán represalias, pero los que habían entrado después del inicio de la guerra tuvieron que abandonarla. El arráez, Antonio Mayor, continuará en el puesto. Los bienes adquiridos por la colectividad pasarán a la propiedad de Pedro Linares por orden de la subdelegación de la Comisión de Industrial y Mercantil de Lorca en julio de 1939.

En 1958, después de dos años cerradas, un grupo de inversores aguileños decidieron reabrir la Almadraba, comprando las instalaciones a Pedro Llinares Zaragoza. La transacción de los enseres de la Almadraba, así como los terrenos, ascendió a 450.000 pesetas. Entre los socios que la adquirieron estaban los hermanos Diego y Cristóbal Casado López con un 30%, los hermanos Jesús y Pepe Fernández con otro 30%, Diego Navarro con 30% y con un menor porcentaje Armando Muñoz Calero y José Martínez Luengo. Durante el primer año de la reapertura fue nombrado como Arráez José Asensio Robles “el Maestrillo”, de segundo o Sotarraez Francisco Hernández Hernández y como tercer Arráez Bartolomé Gálvez Robles. En la temporada 1961 se sacaron más de veintiuna mil unidades de bonito y melva.

La Almadraba (arte, anclajes, barcos...) se ponía a punto durante el mes de marzo y al llegar abril, antes de Semana Santa, se calaba. Para la instalación se colocaban noventa y tres anclas con un peso de trescientos kilos. Este “Calamento de Venida o de Paso” duraba los meses de abril, mayo y junio, que es cuando el pescado viene del océano Atlántico para desovar en el Mediterráneo. La campaña daba por finalizada el 29 de junio, día de San Pedro. Luego se hacia el “Calamento de Vuelta o de retorno” durante los meses septiembre a noviembre para capturar el pescado que volvía del desove. Este se hacía en El Sombrerico, poniéndose en una `posición invertida a como se realizaba en Calabardina, produciendo en algunas ocasiones más rentabilidad que el anterior.

El pescado, cuando llegaba a Calabardina siguiendo la línea costera, se encontraba con un muro de jarcia que impedía el paso. Entonces, intentado huir se metía en una abertura por donde entraba, quedándose dando vueltas y siendo atrapado. La flota de barcos que poseía la Almadraba era conocida como “los barcos negros” y estaba compuesta por “El Caparral” y “El Batel”, dos barcazas grandes que se ponían una enfrente de la otra en los laterales del copo. “La Morraja” era otra embarcación auxiliar que se colocaba en una de las esquinas. En la parte central se ponía “El Plus Ultra” un barco mediano de remos usado por los arráeces para vigilar la entrada de pescado y dirigir las capturas. El que llevaba el pescado a tierra era “La Lancha” mientras que “El Bordonas” era utilizado para transporte del personal. Las capturas eran trasladas para su distribución desde la Almadraba hasta Águilas en “El Parais”. El número de hombres que faenaban era de treinta, obteniendo un 8% de los beneficios de la venta.

Los denominados Guardatierras eran los encargados de limpiar el pescado en tierra. Eran antiguos pescadores de la almadraba que ya eran mayores y no salían a la mar. El jefe de estos recibía el nombre de Changuero, mientras que el lugar donde se realizaba la tarea de despiece era la Chanca. Las ganancias que se obtenían de las ventas de despojos se las repartían. Entre las principales especies capturadas estaban bonitos, lechas, melvas y albacoretas y, en algunos casos, atún y emperador. 

Desde finales de los sesenta, las temporadas de pesca serán malas. Un temporal de levante, en noviembre de 1971, desmanteló la instalación, siendo cuantiosas las pérdidas. La escasa de rentabilidad por el descenso de capturas, en un momento de revalorización de la zona como uso turístico, supondrá el cierre definitivo de la Almadraba en enero de 1972. Habrá una subasta en 1973 para adquirir la concesión, pero no habrá nadie interesado, marcando el final de la Calabardina pescadora.

 

Artículo del historiador Pedro Francisco Sánchez Albarracín 

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