10/11/2016

LA “INOCUA” MARIHUANA

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Que los efectos de la droga son perjudiciales para la salud no creo que sea novedoso ya para nadie. Hoy en día no hay excusa para decir, como antiguamente, que no se sabe lo que producen las drogas. Todas, por leves que sean, son perjudiciales para la salud. Pero hay algunas en las que existe una especial permisividad social. Por un lado las drogas legales, que aun siendo legales no significa que tengan beneficios para la persona, como por ejemplo el alcohol o el tabaco, y por otro lado, otra en la que, cada vez más, existe una tolerancia social, cada día más acentuada en los medios, en políticos, en los corrillos de amigos, y es la marihuana y todas las drogas provenientes de la planta Cannabis Sativa, como la marihuana, hachís, cannabis, polen, en definitiva…fumarse un porro.

Es la droga no legal más consumida en los jóvenes, y eso tiene su explicación en varias causas. Por un lado su precio, ya que es la droga ilegal más barata, agravándose además en España, ya que es el país de Europa occidental con el precio más barato. Por otro lado el acceso a la droga, debido al fácil cultivo de la planta, que hace que cualquiera pueda tener su pequeño cultivo, así como también que hayan proliferado muchos traficantes de dicha sustancia, debido a lo económico de la plantación, el rendimiento que se obtiene de esta con una mínima inversión, así como unas penas judiciales menores, ya que salvo que sean grandes plantaciones, muchas de las veces se pone la pena inferior en grado de las dispuestas en el código penal. Y por último por la permisividad social que hay en relación a esta droga. Cada vez más, existe una percepción social favorable al consumo normalizado del cannabis, y por lo tanto la percepción de los jóvenes también se deriva hacia el mismo sentido, pero con una gran diferencia, que los menores de edad sufren los efectos del consumo de drogas de forma más agravada que cualquier adulto.

No voy a entrar a valorar lo que está tan de moda, que no es otra cosa sino debatir sobre la legalización del cannabis, pero si voy a entrar a valorar cómo afecta su consumo en menores de edad. Cualquier droga es perjudicial, y de hecho se podría decir que los efectos que el alcohol produce en los menores son comparables, o peores, a los de la marihuana. Sin embargo existe una diferencia clara, y no es otra que los estudios en relación al alcohol son muchos y conocidos, lo que hace que hasta el más pintado sepa muchos de sus efectos. Pero en la marihuana específicamente no son tan conocidos sus efectos, viviendo además con la constante influencia de los valores de la marihuana de tipo terapéutico, lo que a veces puede hacer creer que fumarse un porro es hasta beneficioso para cualquier persona. Será beneficioso para aquellas personas que necesiten tener esos efectos terapéuticos, lo que no es generalizable para el resto de personas como muchos quieren dar a entender; la morfina o los opiáceos, también son terapéuticas en muchas ocasiones, pero no por ello beneficiosas para la salud en general.

Está demostrado que la marihuana produce adicción, como cualquier droga, y cada vez resulta más normal que ello se produzca en edades más tempranas, presentándose en edades en las que el cerebro no se encuentra aún en fase de desarrollo, y  por lo tanto, multiplicándose el peligro de sufrir sus efectos a corto y, sobre todo, a largo plazo. Según la última encuesta del Plan Nacional sobre Drogas casi un 20% de los menores entre 15 y 17 años ya han consumido drogas, y lo que cada vez es más habitual que nos encontremos las fuerzas policiales en la calle, que no es otra cosa sino que sean menores con 13 años, los cuales tienen fuertes problemas familiares, sociales y educativos como consecuencia del consumo de cannabis. Un consumidor en esas edades tiene un riesgo alto de sufrir enfermedades mentales derivadas de la droga, ya que está demostrado que entre el 55% y el 67 % que ingresan por primera vez en un hospital con cuadros psicóticos son consumidores de esta sustancia, siendo un factor de riesgo importante en el desarrollo de enfermedades mentales como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.

Aparte de los efectos que producen a largo plazo en el deterioro cognitivo del menor, se observan, cada vez más, casos en los que los menores comienzan a tener fuertes problemas en las relaciones familiares y sociales, sobre todo por el cambio hacia un carácter más violento de los menores hacia su entorno. Los conflictos familiares son más habituales, sobre todos en los casos en los que ya existe un consumo adictivo de esta droga, ya que aunque la marihuana tiene un nivel bajo de adicción entre adultos, un 10% según los estudios, este porcentaje sube hasta un 16% si el consumo de la sustancia se produce a edad temprana, produciéndose enfrentamientos violentos con los padres y una especial agresividad e irritabilidad de los menores cuando echan de menos su consumo. Ello se traduce además en una bajada de rendimiento escolar considerable debido a un síndrome amotivacional en el menor  en el que la apatía en este se vuelve normal en su carácter.

Y como todo en la vida, el cannabis se está perfeccionando, y los niveles de THC (TetraHidroCannabinol), que es el compuesto psicoactivo más importante del cannabis, es decir, el que componente de la marihuana que tiene más importancia en los efectos en las personas, ha subido más del doble en las nuevas plantaciones respecto a las encontradas en los años 90,  lo que conlleva que los efectos en las personas sean superiores a los experimentados en aquella época. Además de la aparición de los laboratorios en las semillas para perfeccionar esos niveles de THC, se está poniendo de moda la marihuana sintética, que no es para nada similar a la marihuana, sino que es una droga sintética, y muy, muy peligrosa para cualquier persona, y más aún para un menor, siendo sus efectos muy superiores a los de la marihuana natural. Aunque en España lleva muy poco tiempo, cada vez más se están detectando casos de venta de esta sustancia y detenciones por ello, como también de personas con ingresos hospitalarios con brotes psicóticos y especialmente violentos como consecuencia de su consumo.

Así que si usted observa que su hijo, adolescente, en esa edad en que empieza a salir con amigos y sin la protección de los adultos, empieza a tener cambios de actitud familiar, una bajada del rendimiento escolar considerable, actitudes violentas contra los adultos de la familia, fíjense en sus amistades, busquen entre sus objetos cotidianos, asegúrense que no llevan paquetes de papelillos de fumar, boquillas sueltas, picadores de marihuana, huelan sus ropas, y contrólenlos, porque aunque es guay fumarse un porro, aunque muchos de ustedes, de la gente de nuestra época, ha consumido maría, ha fumado chocolate, se ha tomado un petardo, o lo ha probado alguna vez, probablemente lo haya hecho a una edad muy superior de 13 ó 14 años, y hay daños físicos o mentales que son irreparables en edades tempranas.

Hecho la vista para atrás y recuerdo que en mi entorno, cuando era menor, también he tenido acceso a drogas, he consumido las legales -estoy en ese noventa y tantos por ciento que ha bebido alcohol en los fines de semana y ha fumado más de lo que debiera- y he tenido cerca las ilegales, conociendo mucha gente que ha consumido las ilegales y están perfectamente normal. Pero también recuerdo ese grupo de amigos, que flirteaban con las drogas, que consumían marihuana y que no terminaron muy bien. Hace unos cinco años, trabajando, en una identificación rutinaria por consumo de heroína, me encontré a un antiguo compañero de colegio, que no veía desde al menos 16 años, que en su época, con 14 años y comiéndose el mundo, se fumaba los porros “doblados”. Él no me conoció, estaba demacrado, y una vez que nos marchamos, tras pedir antecedentes y comprobar que tenía un alto número de delitos a sus espaldas, me vino a la cabeza cuando jugaba con él, cuando era el malote de la clase y el rebelde que nos hacía reír con sus gamberradas, dándome mucha pena verle consumido y sumido en el mundo de la droga. Hace un año me dijeron que había muerto. 

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